Temas relacionados:
Psicología de la salud
Trastornos somatomorfos
El estrés: cómo afecta a nuestro cuerpo
Psiconeuroinmunología y VIH - Conexión mente cuerpo y VIH
En muchas
ocasiones la enfermedad física es el resultado de un desequilibrio
emocional que persiste a través del tiempo.
Por supuesto, existen
diferencias individuales en el modo de enfermar, tanto a nivel psíquico
como a nivel físico. Por ejemplo, en algunas personas cuya salud física
ha sido muy buena durante toda su vida, el trastorno emocional puede
persistir durante mucho tiempo sin llegar a manifestarse de forma
clara a nivel físico, aunque su organismo sí estará debilitado, de
manera que tendrá mayor facilidad para contraer enfermedades comunes,
como la gripe, menor vitalidad, síntomas leves como dolores de
cabeza, problemas digestivos u otros, cansancio crónico, etc.
Otras personas, en cambio,
manifiestan sus alteraciones emocionales a nivel físico muy rápidamente,
de forma que es posible que ni siquiera sean conscientes de lo que están
sintiendo.
¿Cómo
se produce la enfermedad?
La
medicina moderna tiende a centrase casi exclusivamente en el
tratamiento de los síntomas, olvidando la verdadera causa de la
enfermedad e ignorando, en muchas ocasiones, el hecho de que los
síntomas son los intentos que hace el organismo de lograr la propia
curación. Por ejemplo, la fiebre contribuye a combatir a los agentes invasores, como virus o bacterias, mediante un
aumento de la temperatura. La inflamación atrae hacia el lugar
afectado una serie de células y sustancias que combatirán al agente
infeccioso. Al mismo tiempo, concentra dicho agente en el lugar
inflamado, impidiendo que se extienda al resto del organismo.
Sin embargo, a veces estas
defensas fallan. Puede ser que estas reacciones sean tan intensas que
acaben haciendo más mal que bien y no sean capaces de curar, o puede
ser que el cuerpo apenas reaccione o que lo haga de forma inapropiada,
o que aparezca un síntoma que persiste durante meses sin evolucionar
en ningún sentido, ocasionando una molestia crónica que vamos
soportando como podemos. Y esto puede suceder ante agentes infecciosos
comunes que muchas personas vencen sin demasiada dificultad, o incluso
en ausencia de una causa médica conocida. ¿Por qué sucede esto?
Todos estamos sometidos a acontecimientos estresantes a lo largo de
nuestra vida. Una persona puede sentir, por ejemplo, ansiedad ante uno
de estos acontecimientos. La ansiedad conlleva una serie de síntomas
físicos, como palpitaciones y liberación de las llamadas hormonas
del estrés. Cuando la ansiedad se produce muy a menudo no es extraño,
pues, que pueda acabar produciendo enfermedades físicas o alteración
del funcionamiento de determinados órganos. Es decir, nuestros
estados emocionales influyen en nuestro cuerpo (por ejemplo, se ha
visto que en las personas deprimidas también suele darse un
debilitamiento del sistema inmunitario).
Pero las emociones, como ya
hemos dicho en otros apartados de este web site (como
Pensamiento
constructivo o Terapia Raciona Emotiva),
no surgen de la nada, sino que están relacionadas con nuestro modo de
interpretar lo que nos sucede. Si interpretamos algo como amenazante
sentiremos ansiedad. Esta reacción puede dar lugar a síntomas como
dolores de estómago o de cabeza, tensión muscular, enfermedades
infecciosas o enfermedades respiratorias, tal y como han demostrado
algunos estudios en los que se ha visto cómo pueden aparecer estos síntomas
tras un acontecimiento estresante.
Nuestra forma de ver el
mundo también influye en los síntomas crónicos. Las personas con
sentimientos y pensamientos crónicos de desesperanza, desamparo y
depresión que, además, tienen poca capacidad para enfrentarse a los
acontecimientos estresantes o resolver los problemas de sus vidas (la
llamada capacidad de afrontamiento), tienen más probabilidades de
tener enfermedades crónicas.
El
tratamiento
Los síntomas físicos que
se manifiestan de forma crónica o que aparecen y desaparecen de
manera periódica sin que ningún tratamiento médico logre
mejorarlos, o que al ser tratados farmacológicamente acaban siendo
siempre sustituidos por otros que aparecen después, nos están
indicando que existe algún problema o conflicto no resuelto de tipo
emocional. Si indagamos un poco es muy posible que descubramos estados
emocionales negativos que pueden estar contribuyendo a la enfermedad física,
bien produciendo síntomas directamente (dolores de cabeza, problemas
digestivos, etc.) o bien debilitando nuestras defensas de modo que
seamos más fácilmente atacados por agentes infecciosos (como virus
de la gripe o de otro tipo) y que nos cueste demasiado trabajo
librarnos de ellos.
Así pues, los síntomas físicos
nos llevan hasta nuestros estados emocionales negativos y estos a su
vez nos muestran los aspectos de nosotros mismos en los que debemos
actuar.
Cuando nos sentimos tristes,
insatisfechos, agresivos, irritables, envidiosos, angustiados,
inferiores a los demás, avergonzados, etc. y estos sentimiento son
estables o se repiten a menudo, sabemos que hay algún tipo de
desequilibrio en nosotros sobre el que tenemos que trabajar para
volver a recuperar la tranquilidad, el valor, la confianza, etc.
Por supuesto, para hacer
esto tenemos que conocernos bien a nosotros mismos, no tener miedo de
profundizar en nuestro interior y descubrir quiénes somos en realidad
y qué estamos sintiendo.
Para ello pueden utilizarse
dos tipos de tratamiento (que pueden aplicarse juntos, si así se
desea):
1.
Un tratamiento psicológico
destinado al desarrollo personal que ayude a las personas a conectarse
con su verdadera naturaleza, conocer sus verdaderos deseos y
necesidades en la vida y tratar de alcanzarlos. De este modo, lograrán
un mayor bienestar y equilibrio psicológico que, a su vez,
llevará a un mayor bienestar físico y mejorará su salud en general.
2. Tratamiento con
Flores
de Bach (medicinas alternativas).