Autora: Ana Muñoz

Se trata de uno o más síntomas que afectan al funcionamiento sensorial o motor y que asemejan una enfermedad neurológica pero que no pueden ser explicados mediante ninguna enfermedad física. Su aparición suele estar asociada a algún acontecimiento estresante. Los episodios suelen ser breves, recuperándose totalmente en el plazo de un mes o menos. En la mayoría de los casos, no vuelve a repetirse, aunque en otras ocasiones los síntomas pueden volver a aparecer al cabo del tiempo.

Los síntomas producen un malestar significativo o un impedimento social, ocupacional o en otras áreas importantes de la vida.

Cuando se realiza un examen médico a estas personas, se encuentran evidencias de que sus síntomas no son compatibles con una enfermedad neurológica.

Entre los síntomas típicos se encuentran los siguientes:

  • Síntomas motores, como puede ser la debilidad o parálisis de un brazo o pierna; movimientos anormales, como temblores; posturas anormales de los miembros; modo de caminar anormal.
  • Síntomas sensoriales, como pérdida de sensibilidad al tacto o al dolor en una parte del cuerpo o sensibilidad alterada, pérdida de visión, sordera.
  • Convulsiones (parecidas a un ataque epiléptico), con temblores y pérdida de conciencia o conciencia alterada. Reciben el nombre de convulsiones psicógenas.
  • Periodos de falta de respuesta, parecidos al síncope o coma.
  • Otros síntomas incluyen afonía, dificultad para tragar, sensación de tener un nudo en la garganta, articulación del habla alterada, visión doble (diplopía).

El nombre de este trastorno es debido a que estas personas están convirtiendo un conflicto psicológico en una incapacidad para mover ciertas partes del cuerpo o usar los sentidos con normalidad. Por ejemplo, la persona que pierde la voz en una situación en la que teme hablar o el pianista cuyas manos quedan paralizadas cuando ha de actuar ante una audiencia y esta situación le produce una gran ansiedad. Estos síntomas sirven para aliviar la ansiedad (ganancia primaria) y para sacar a la persona de la situación estresante (ganancia secundaria).

Este trastorno puede ocurrir a cualquier edad. Se estima que hasta un 34 % de la población experimenta algún síntoma de conversión a lo largo de su vida pero esto no significa que padezcan un trastorno. Hay que diferenciar entre la aparición de un síntoma de conversión y un trastorno de conversión. La diferencia está en que para considerarlo un trastorno, ha de afectar significativamente a la vida o estado psicológico de esta persona (por ejemplo, una afonía que impida a un profesor dar clases durante un par de semanas).

Características asociadas

Suele aparecer como consecuencia de un trauma, ya sea psicológico o físico.

A veces está asociado a trastornos disociativos, como despersonalización desrealización y amnesia disociativa.

También suele darse la existencia de indiferencia ante los síntomas, con una llamativa falta de preocupación por la naturaleza e implicaciones de dichos síntomas.

La ganancia secundaria puede también acompañar a este trastorno. Hace referencia a que una persona obtiene algún beneficio de sus síntomas, como librarse de alguna responsabilidad o de algo que le asusta. Sin embargo, esto no significa que estas personas estén fingiendo.

Los trastornos de ansiedad (especialmente el trastorno de pánico) y los trastornos depresivos se dan a menudo junto con el trastorno de conversión.

Los trastornos de personalidad son más frecuentes en estas personas que en la población general.

Causas y factores de riesgo

Entre los factores que favorecen la aparición de este trastorno se encuentran los siguientes:

  • Rasgos de personalidad caracterizados por las dificultades de adaptación en sus vidas diarias o trastornos de la personalidad.
  • Abuso sexual o negligencia en la infancia.
  • Acontecimientos estresantes.
  • La presencia de una enfermedad neurológica que causa síntomas similares. Por ejemplo, las personas que padecen epilepsia pueden tener también convulsiones psicógenas.