Autora: Ana Muñoz

La palabra feminismo, así como el movimiento feminista, ha sido objeto de ataques desde sus inicios. Los hombres machistas han tratado de desprestigiarlo y de convertirlo en algo que no era. Se ha definido erróneamente y se ha entendido erróneamente.

Cuando no conocemos el significado de una palabra o tenemos dudas, lo mejor que podemos hacer es buscarlo en el el diccionario. El diccionario de la real academia española define el feminismo como: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.”

Es decir, el feminismo es un movimiento que lucha con conseguir la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Lucha para erradicar la discriminación hacia la mujer, la agresión sexual, la brecha salarial, la mayor carga de trabajo en casa para las mujeres, el techo de cristal, la exclusión de las mujeres, etc.

Si lees el artículo sobre las reivindicaciones feministas verás una definición clara de qué persigue el feminismo. Cualquier persona que esté de acuerdo con esta definición de feminismo y con estas reivindicaciones puede considerarse feminista.

Estos son algunos de los comportamientos e ideas de los hombres feministas y es algo a lo que todo hombre debería aspirar:

1. Están a favor de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres y apoyan las reivindicaciones feministas.

2. Comparten las tareas del hogar y el cuidado de los hijo/as por igual con sus parejas o acuerdan medidas que sean justas para ambos miembros de la pareja. Por ejemplo, si ella, por el motivo que sea, no tiene un trabajo remunerado y él sí, pueden acordar que ella se ocupe de la casa y los hijos de lunes a viernes, mientras él trabaja en su empresa de lunes a viernes, pero los fines de semana y las vacaciones se reparten el trabajo en casa por igual.

El hombre machista, por el contrario, tampoco trabaja en casa (o se ocupa de los hijos) los fines de semana, ni los festivos, ni durante sus vacaciones. Eso último no solo es injusto sino que demuestra un comportamiento egoísta y narcisista que difícilmente puede llamarse “amor”.

El hombre feminista sabe cómo hacerle una coleta a su hija, cómo vestir a sus hijos y cómo cuidar de ellos por sí mismo y sin la ayuda de una mujer.

3. No desprecian las “cosas de mujeres” como si fueran algo de lo que hay que huir. No les dicen a sus hijos frases como: “Eso no, que es de niñas”, no rechazan hacer ciertas cosas porque se supone que son cosas de mujeres, no dejan de leer un libro porque esté escrito por una mujer, no rechazan revistas porque se supone que son para mujeres, no dejan de asistir a una exposición porque las artistas sean mujeres...

El hombre feminista no piensa que haya cosas de mujeres y cosas de hombres. Es capaz de implicarse en cualquier cosa que le guste sin ponerle ese tipo de etiquetas, deja que su hijo juegue con muñecas, si así lo desea, o que su hija juegue con coches si así lo desea. En casa, se reparten las tareas en función de sus gustos o preferencias o en función de las obligaciones que corresponden a todos por igual, sin tener en cuenta el género.

4. No hace comentarios machistas, ni dice “piropos” o comentarios sexuales a las mujeres por la calle, ni les toca el culo, ni las agrede sexualmente, ni las viola.

5. Escucha a las mujeres cuando le dicen “eso es machista”. Sabe que algunos de sus comportamientos o actitudes pueden ser machistas aunque no sea esa su intención; por eso tiene en cuenta la opinión de las mujeres y, si alguna le dice que se ha comportado de forma machista, le pide disculpas y se propone no volver a hacerlo.

6. Reconoce que las capacidades, aptitudes, conocimientos o inteligencia de las personas no tienen nada que ver con su sexo. No considera que las mujeres son inferiores al hombre en ciertas cosas ni piensa que una mujer no va a saber hacer una cosa por ser mujer. Cuando ve que una mujer no sabe hacer una cosa que, por lo general, suelen hacer los hombres, no piensa que eso se deba al hecho de ser mujer, sino a que nunca lo ha aprendido por haber vivido en un ambiente machista. Sabe que los hombres no han nacido sabiendo y que las cosas que saben hacer las aprendieron en algún momento. Hombres y mujeres pueden aprender (o no) las mismas cosas.

7. No tolera comentarios machistas, humillantes o despreciativos hacia las mujeres por parte de sus amigos o familiares. Si alguno de ellos hace un comentario de este tipo, responde algo como: “No me gusta escuchar insultos o comentarios despreciativos hacia las mujeres” o “No me gustan los hombres que hacen ese tipo de comentarios sobre las mujeres”.

8. Educa a sus hijos e hijas en la igualdad y el feminismo. Habla a sus hijos varones del feminismo e intenta que respeten a las mujeres y las consideren sus iguales.

9. Si es empresario, se asegura de que no haya brecha salarial en su empresa. Si contrata a otras empresas (por ejemplo, una empresa de selección de personal), se asegura de que no tenga actitudes machistas. Procura contratar al mismo número de mujeres y hombres y que entre sus puestos directivos haya también paridad. En su empresa no hay solo secretarias sino secretario/as de ambos sexos.

10. Cuando hay una reunión de amigos o familiares, colabora en la preparación de la comida, limpieza de la cocina, etc., incluso aunque el resto de los hombres no lo haga. No imita los comportamientos machistas de otros hombres sino que hace lo que considera justo y correcto.

11. Trata por igual a ambos sexos, sin suponer que a una mujer le gustan (o disgustan) ciertas cosas solo por ser mujer. Es decir, no juzga a las personas por su sexo, sino por los conocimientos o información que tenga de ellas como individuos.