Autora: Ana Muñoz

El trastorno paranoide de la personalidad se define como una tendencia generalizada e injustificada a interpretar las acciones de las personas como deliberadamente malintencionadas, aunque no presentan síntomas psicóticos, como delirios o alucinaciones.

Las características de este trastornos son las siguientes:

1) sospechan, sin base suficiente, que los demás los están explotando, dañando o engañando;

2) están preocupados con dudas injustificadas sobre la lealtad y confianza de amigos o asociados;

3) son reacios a confiar en otros debido a un miedo injustificado a que la información sea utilizada maliciosamente en su contra;

4) creen ver significados ocultos degradantes o amenazantes en comentarios o acontecimientos benignos;

5) guardan resentimiento de manera persistente; es decir, no perdonan insultos o desaires;

6) perciben ataques hacia su carácter o reputación que no resultan aparentes a los demás y rápidamente reaccionan con enfado o contraatacan;

7) sospechas recurrentes y sin justificación sobre la fidelidad de sus cónyuges o parejas sexuales.

Estas personas suelen culpar a los demás de los problemas en sus relaciones y no suelen ser conscientes de cómo ellos mismos contribuyen a crearlas. Por ejemplo, si continuamente acusa a su pareja de infidelidad, no es extraño que al final su pareja busque consuelo en otra persona, de modo que el paranoide ve confirmadas sus sospechas ("Ya sabía que no podía fiarme").

Suelen estar siempre atentos y vigilantes porque piensan que cualquiera puede atacarles de un modo u otro en cualquier momento y necesitan defenderse de ellos. Perciben el mundo como una jungla de gente egoísta y sin escrúpulos en la que no se puede confiar. Por este motivo suelen ser bastante independientes, ya que la dependencia de los demás implica la posibilidad de que se aprovechen de ellos. También suelen tener conflictos con las figuras de autoridad.

Ante la conducta de los demás, sacan conclusiones rápidas y son reacios a considerar explicaciones alternativas. Por ejemplo, David pensaba, erróneamente, que sus compañeros de trabajo le ocultaban información a propósito para perjudicar su trabajo, y no estaba dispuesto a considerar explicaciones alternativas, como el hecho de que sus compañeros estaban ocupados con su propio trabajo.

Tienden a reaccionar con gran intensidad ante pequeños acontecimientos, ya que los interpretan como graves amenazas. Por ejemplo, tras un comentario inofensivo o una broma creen ver un insulto grave o un desprecio hacia ellos y reaccionan enfadándose y contraatacando.

Suelen ser incapaces de ver los aspectos humorísticos de las situaciones. En cierto modo es como si estuvieran constantemente en una situación de grave riesgo donde no hay lugar para bromas.