Autora: Ana Muñoz

La artritis es una enfermedad inflamatoria que afecta las articulaciones, provocando dolor, hinchazón, rigidez y pérdida de movilidad. Se trata de un conjunto de trastornos que tienen en común la afectación de las articulaciones, aunque cada tipo de artritis presenta características y causas diferentes. La artritis no es una sola enfermedad, sino un término general que engloba más de 100 afecciones diferentes que afectan a las articulaciones y estructuras circundantes.

Es una de las enfermedades más comunes en todo el mundo, especialmente entre las personas mayores, aunque también puede afectar a personas jóvenes y niños. La artritis es una causa frecuente de discapacidad debido a su impacto en la capacidad para realizar actividades diarias, desde caminar hasta escribir o realizar tareas domésticas.

Existen varios tipos de artritis, cada uno con sus propias características, causas y tratamientos. Los más comunes son la artritis reumatoide y la osteoartritis y nos centraremos en ellas en este artículo. No obstante, otros tipos de artritis son la artritis psoriásica, la artritis juvenil y la gota.

¿Qué es la osteoartritis?

La osteoartritis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones, la cual implica el desgaste del cartílago que cubre las superficies articulares, lo que provoca que los huesos se rocen entre sí. Este desgaste puede llevar a una pérdida de la funcionalidad de la articulación y, en casos graves, incluso a su deformidad. La osteoartritis es la forma más común de artritis y afecta principalmente a las personas mayores, aunque también puede presentarse en personas más jóvenes debido a lesiones articulares previas, predisposición genética u otros factores de riesgo.

1. Causas y factores de riesgo

Aunque el desgaste del cartílago es la principal causa de la osteoartritis, hay varios factores que contribuyen al desarrollo de la enfermedad:

Envejecimiento: la osteoartritis es más común con el paso de los años, ya que el cartílago se desgasta con el tiempo y, a medida que envejecemos, el proceso de reparación del cartílago disminuye.

Lesiones articulares previas: las personas que han tenido lesiones en las articulaciones, como esguinces o fracturas, tienen un mayor riesgo de desarrollar osteoartritis en la zona afectada, incluso años después de la lesión.

Genética: la predisposición genética también juega un papel importante. Si tienes antecedentes familiares de osteoartritis, es más probable que desarrolles la enfermedad.

Obesidad: el exceso de peso pone presión adicional sobre las articulaciones, especialmente las que soportan peso como las rodillas, caderas y columna vertebral. Esto aumenta el riesgo de osteoartritis en esas áreas.

Factores biomecánicos: las alteraciones en el alineamiento o la estructura de las articulaciones, como la displasia de cadera, pueden aumentar el riesgo de desarrollar osteoartritis.

Actividad física excesiva o inadecuada: el uso excesivo o un esfuerzo excesivo de las articulaciones, especialmente en actividades que requieren movimientos repetitivos o de alto impacto, también puede contribuir al desgaste del cartílago.

2. Síntomas de la osteoartritis

Los síntomas de la osteoartritis pueden variar según la gravedad de la enfermedad, pero los más comunes son:

Dolor en las articulaciones: es el síntoma principal de la OA. El dolor suele ser más evidente durante o después del movimiento o esfuerzo en la articulación afectada. Al principio, el dolor puede aliviarse con el descanso, pero con el tiempo puede volverse más constante.

Rigidez: las personas con osteoartritis experimentan rigidez articular, especialmente por la mañana o después de largos períodos de inactividad, como al levantarse de la cama o después de estar sentados mucho tiempo.

Hinchazón: puede haber inflamación en las articulaciones debido a la acumulación de líquido sinovial (el fluido que lubrica las articulaciones). Esta hinchazón puede ser más evidente en las articulaciones de las manos, rodillas o caderas.

Pérdida de flexibilidad: a medida que la enfermedad progresa, las personas pueden notar que les resulta más difícil mover la articulación afectada o que no pueden realizar ciertos movimientos con normalidad.

Sonidos articulares: a menudo, las personas con osteoartritis experimentan crujidos o chasquidos al mover la articulación, esto se conoce como "crepitación". Este sonido es el resultado de los huesos que rozan entre sí debido al desgaste del cartílago.

Deformidad articular: en los casos más avanzados, las articulaciones pueden deformarse. Esto es más evidente en las articulaciones de las manos, donde pueden aparecer bultos o protuberancias (por ejemplo, los nódulos de Heberden en las articulaciones de los dedos).

3. Diagnóstico

El diagnóstico de la osteoartritis comienza con la historial clínica del paciente: el médico hace preguntas sobre los síntomas, los antecedentes de lesiones o enfermedades previas y la historia familiar de la enfermedad. Asimismo, se realiza una inspección de la articulación afectada para identificar signos de hinchazón, deformidades o dificultad en el rango de movimiento.

Las radiografías (rayos X) se utilizan también para observar el estado del cartílago y los huesos. En las radiografías, se puede observar el estrechamiento del espacio articular, la formación de espolones óseos (osteofitos) y los cambios en la estructura ósea. En algunos casos, se puede recurrir a una resonancia magnética para obtener imágenes más detalladas.

Los análisisis de sangre, aunque no se utilizan para diagnosticar directamente la osteoartritis, pueden ayudar a descartar otras causas de dolor articular, como la artritis reumatoide.

4. Prevención

No se puede prevenir por completo la osteoartritis, pero existen medidas para reducir el riesgo:

  • Mantener un peso saludable.
  • Evitar lesiones articulares.
  • Realizar ejercicios de bajo impacto para fortalecer los músculos y mejorar la movilidad articular.
  • Evitar actividades repetitivas de alto impacto que sobrecarguen las articulaciones.

¿Qué es la artritis reumatoide?

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune crónica que afecta principalmente a las articulaciones. En esta enfermedad, el sistema inmunitario del cuerpo, que normalmente protege contra infecciones, comienza a atacar erróneamente los tejidos sanos, concretamente las membranas sinoviales que recubren las articulaciones. Esta respuesta inmune provoca una inflamación crónica que, con el tiempo, puede dañar el cartílago, los huesos y otros tejidos articulares y afectar al funcionamiento normal de las articulaciones.

La artritis reumatoide puede afectar una o varias articulaciones, pero generalmente afecta a las articulaciones en ambas partes del cuerpo de manera simétrica (por ejemplo, las mismas articulaciones en las manos, muñecas, rodillas o pies). Es importante destacar que, aunque la AR afecta principalmente a las articulaciones, también puede tener repercusiones en otros órganos, como los pulmones, los ojos, la piel y los vasos sanguíneos.

1. Causas y factores de riesgo

Aunque las causas exactas de la artritis reumatoide no se conocen completamente, se cree que hay varios factores que contribuyen al desarrollo de la enfermedad:

Factores genéticos: la predisposición genética juega un papel importante en la artritis reumatoide. Las personas que tienen antecedentes familiares de la enfermedad tienen un mayor riesgo de desarrollarla. Un gen específico llamado HLA-DR4 se ha asociado con un mayor riesgo de AR.

Factores ambientales: las infecciones virales o bacterianas pueden desencadenar la AR en personas genéticamente predispuestas. Algunos estudios sugieren que infecciones por ciertos virus, como el de Epstein-Barr o el virus de la gripe, podrían aumentar el riesgo de desarrollar AR.

Sistema inmunitario: en la AR, el sistema inmunitario no distingue entre células del cuerpo y agentes externos (como bacterias o virus). El cuerpo produce anticuerpos (en particular, factor reumatoide y anticuerpos anti-CCP) que atacan las células sanas en las articulaciones y otros órganos, lo que lleva a la inflamación.

Factores hormonales: la artritis reumatoide es más común en mujeres que en hombres, lo que sugiere que los hormonas pueden influir en el desarrollo de la enfermedad. Se sabe que la AR puede aparecer o empeorar durante ciertos momentos de la vida de las mujeres, como el embarazo o la menopausia.

Tabaquismo: el consumo de tabaco se ha identificado como un importante factor de riesgo para desarrollar artritis reumatoide, especialmente en personas con predisposición genética.

2. Síntomas de la artritis reumatoide

Los síntomas de la artritis reumatoide pueden variar de una persona a otra y evolucionar con el tiempo. Los más comunes son lo siguientes:

Dolor en las articulaciones: las articulaciones afectadas por la artritis reumatoide suelen volverse dolorosas, especialmente por la mañana o después de períodos de inactividad. El dolor se debe a la inflamación de las membranas sinoviales.

Inflamación: las articulaciones afectadas suelen hincharse debido a la acumulación de líquido inflamatorio en el interior de las articulaciones.

Rigidez matutina: las personas con artritis reumatoide experimentan rigidez en las articulaciones, especialmente después de despertarse por la mañana. Esta rigidez puede durar más de una hora y puede dificultar los movimientos.

Fatiga: la fatiga es un síntoma común de la AR y muchas personas informan sentirse extremadamente cansadas debido a la inflamación y al esfuerzo que el cuerpo hace para combatir la enfermedad.

Fiebre leve: algunas personas con artritis reumatoide pueden experimentar fiebre de bajo grado debido a la inflamación generalizada.

Pérdida de apetito: la inflamación crónica también puede reducir el apetito y, en consecuencia, la persona puede perder peso.

Deformidad articular: en etapas avanzadas de la AR, el daño a las articulaciones puede provocar deformidades visibles, como la desviación de los dedos o las muñecas.

Nódulos reumatoides: estos son bultos firmes que se forman bajo la piel, comúnmente en los codos, aunque pueden aparecer en otras partes del cuerpo.

3. Diagnóstico de la artritis reumatoide

El diagnóstico temprano de la artritis reumatoide es fundamental para prevenir el daño irreversible a las articulaciones. Para diagnosticar la AR, el médico realiza un examen de las articulaciones afectadas, buscando signos de inflamación, dolor y deformidades. Las radiografías (rayos X) y, en algunos casos, la resonancia magnética (RM) o la ecografía pueden mostrar los daños en las articulaciones, como el estrechamiento del espacio articular, la erosión ósea o la inflamación. Se realizan también varias pruebas de laboratorio como las siguientes:

  • Factor reumatoide (FR): es un anticuerpo presente en muchas personas con artritis reumatoide, aunque no todos los pacientes lo tienen.
  • Anticuerpos anti-CCP: estos anticuerpos son más específicos para la artritis reumatoide y pueden ayudar a diagnosticar la enfermedad incluso en sus primeras etapas.
  • Velocidad de sedimentación de los eritrocitos (VSG) y proteína C reactiva (PCR): estas pruebas miden el nivel de inflamación en el cuerpo y pueden estar elevadas en personas con AR.

4. Complicaciones de la artritis reumatoide

La artritis reumatoide, si no se controla adecuadamente, puede causar una serie de complicaciones:

  • Daño articular irreparable: la inflamación crónica puede llevar a la destrucción del cartílago, los huesos y otras estructuras articulares, lo que limita la movilidad y puede generar deformidades.
  • Enfermedades cardiovasculares: las personas con AR tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades del corazón, ya que la inflamación crónica puede afectar los vasos sanguíneos.
  • Problemas pulmonares: la AR puede causar afecciones pulmonares, como fibrosis pulmonar, que afectan a la capacidad respiratoria.
  • Problemas oculares: también puede causar ojo seco y aumentar el riesgo de desarrollar otras afecciones oculares, como la uveítis.

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