Autora: Ana Muñoz

Como su nombre indica, la autohipnosis significa usar la hipnosis con uno mismo en vez de inducirla en otra persona. Puede utilizarse para modificar comportamientos, emociones y actitudes. Por ejemplo, para reducir la ansiedad, atenerse a una dieta, dejar de fumar o superar otros hábitos, aumentar la confianza, desarrollar habilidades, reducir el dolor, curarte enfermedades, etc.

Básicamente, lo que hacemos durante la autohipnosis es entrar en un estado de mayor sugestionabilidad y usar determinadas sugerencias para inducir algún cambio en nosotros.

En casos de estrés, puedes usar la autohipnosis cuando el estrés se debe a que no estás alcanzando algún objetivo que te has propuesto, tienes algún comportamiento que deseas eliminar o hay algo que no haces y crees que deberías hacer para poder sentirte mejor y reducir tu nivel de estrés.

Sigue los pasos siguientes:

1. Para cada sesión de autohipnosis, decide un objetivo y exprésalo en una frase positiva y en el tiempo presente como si ya lo hubieras logrado. Por ejemplo, "Acabo mis tareas a tiempo", en vez de "voy a dejar de ser un postergador". O "Dejo de fumar con facilidad" en vez de "Voy a intentar dejar de fumar". Es decir, expresa lo que quieres hacer o ser, no lo que quieres dejar de hacer o ser y exprésalo como si estuviera sucediendo ahora. Ten pensadas de antemano las frases (sugestiones) que vas a utilizar.

Por supuesto, las sugestiones que uses deben se realistas, sobre cosas que estén bajo tu control y específicas. Por ejemplo, usar como sugestión "Soy el mejor nadador del mundo" puede ser poco realista. En vez de eso, piensa exactamente qué es lo que deseas mejorar de tu forma de nadar y usa sugestiones como: "Tengo una mayor resistencia en el agua y aguanto un buen ritmo durante X minutos". Esa X la sustituirías por un número realista para ti pero que implique una mejora.

2. Busca un lugar tranquilo y sin distracciones y ponte en una posición cómoda (pero no tanto como para dormirte).

3. Cierra los ojos y comienza a respirar profundamente, expandiendo tu abdomen al inhalar (en vez de levantar tus hombros). Imagina que te relajas y expulsas, con tu respiración, todo el estrés que tienes. Siente el oxígeno llegar a todas las células de tu cuerpo y atravesar tus miembros hasta los dedos.

4. Imagina una escena que te resulte relajante (como estar en una playa tranquila) y adéntrate todo lo que puedas en ella. Luego imagina que bajas una escalera (si no te gusta la escalera sustitúyela por alguna otra cosa, como un camino que desciende), que la vas bajando cada vez más y más, cada vez más profundo. Relaja todos los músculos de tu cuerpo, observa tu respiración y el movimiento de tu pecho y abdomen al respirar, nota cómo se relaja todo tu cuerpo.

Ten en cuenta que la relajación es muy importante para que la autohipnosis funcione, de manera que cuanto más profunda sea tu relajación, mejores resultados obtendrás. Si no consigues relajarte, puede venirte bien aprender y practicar alguna técnica de relajación antes de recurrir a la autohipnosis.

Un modo de conseguir una mayor relajación consiste en hacer lo anterior varias veces; es decir, primero te relajas y luego empiezas a contar hasta 5 y al finalizar la cuenta abres los ojos, te levantas, te estiras y luego te vuelves a sentar y a relajarte. Al hacer esto varias veces seguidas verás que cada vez logras relajarte más.

5. Cuando estés totalmente relajado/a, empieza a repetir la frase que elegiste al principio de la sesión. Al repetir la frase, puedes visualizar las palabras en tu mente o visualizar el resultado final; por ejemplo, verte a ti mismo/a acabando tus tareas a tiempo y sintiéndote bien por ello. Concéntrate completamente en esa frase.

Si no notas nada al principio, sigue intentándolo, pues la autohipnosis actúa de un modo sutil, de manera que acabarás notando sus resultados aunque te parezca en un principio que no sucede nada. Si te resulta difícil relajarte, puedes grabar tu propia voz y utilizarla como ayuda, o bien puedes utilizar alguna música relajante.