Autora: Ana Muñoz

Durante mucho tiempo, la psicología se ha centrado principalmente en el estudio de la patología, las emociones negativas y las debilidades humanas, olvidándose de las características positivas del ser humano.

Las terapias y técnicas utilizadas se han centrado sobre todo en la eliminación de emociones negativas, como tristeza, ira o ansiedad, pero hasta hace poco no han tenido en cuenta ni el estudio ni el fomento de las emociones positivas, como el optimismo, la alegría, la creatividad, el humor, etc.

No obstante, en los últimos años, la psicología ha empezado a tener en cuenta y a investigar también las emociones positivas y a desarrollar estrategias terapéuticas basadas en el fomento de dichas emociones.

Se considera que la Psicología Positiva nace en 1999, con la conferencia del psicólogo Martin Seligman durante la inauguración de su periodo presidencial de la American Psychological Association.

La psicología positiva nace como una rama de la psicología científica, y tiene como meta mejorar la calidad de vida y prevenir la aparición de trastornos mentales, mediante el estudio de las cualidades y emociones positivas del ser humano.

Junto a las debilidades humanas, tan conocidas y estudiadas por la psicología, existen las fortalezas, que actúan como amortiguadores y barreras frente al trastorno mental. Entre ellas se encuentran el optimismo, la esperanza, el valor, la perseverancia, la ilusión o el sentido del humor.

Áreas de estudio de la psicología positiva

1. Optimismo

El optimista espera que las cosas salgan bien y considera que tiene control sobre la situación (incluso puede creer que tiene más control del que en realidad tiene). Este modo de ver las cosas le empuja a perseverar, a hacer frente a los obstáculos, a no rendirse con facilidad y a experimentar un mayor bienestar. Todo esto aumenta sus posibilidades de éxito.

El optimismo tiene un efecto positivo sobre la salud, disminuye el sufrimiento y el estrés y ayuda a las personas con enfermedades crónicas a sobrellevarlas mejor.

2. Emociones positivas

Durante mucho tiempo, la psicología se ha centrado principalmente en el estudio de las emociones negativas. Las emociones positivas son menos numerosas y más difíciles de estudiar que las negativas.

A la mayoría de las personas les resulta mucho más fácil nombrar una lista de emociones negativas que positivas. Cada emoción negativa va acompañada de una expresión facial propia y característica, mientras que la expresión facial de las emociones positivas es muy similar para todas ellas y menos expresiva. Por ejemplo, la expresión de satisfacción es mucho menos llamativa que la expresión de miedo o ira.

Tampoco es extraño que exista una tendencia a centrarse en aquello que supone una amenaza para el ser humano. Cuando nos sentimos felices, damos por supuesto que así es como hay que sentirse y no nos paramos a analizar los motivos de esa felicidad. En cambio, cuando nos sentimos desgraciados, ansiosos o asustados, sentimos la necesidad de analizar ese estado, descubrir sus causas y poder eliminarlo lo antes posible.

Sin embargo, el estudio de las emociones positivas es igualmente importante porque sin dicho estudio, la psicología queda sesgada y porque, tal y como apunta Bárbara Fredrickson, una de las principales investigadoras de este campo, las emociones positivas resuelven problemas relacionados con el crecimiento personal y el desarrollo. Experimentar emociones positivas lleva a estados mentales y modos de comportamiento que, de manera indirecta, ayudan a una persona a enfrentar con éxito las dificultades y adversidades que encontrará en su camino. Las emociones sirven para resolver muchos de los problemas generados por las emociones negativas. A través de ellas, el ser humano puede sobreponerse a los momentos difíciles y salir fortalecido de ellos.

Emociones positivas como la alegría, el entusiasmo, la satisfacción, el orgullo, etc., mejoran y amplían la forma de pensar, hacen que las personas sean más creativas, nos empuja a traspasar límites, a solucionar problemas de un modo más acertado, a tomar decisiones más acertadas y a pensar de un modo más sensato.

En un estudio (Fredrikson, 2003) se vio que los diagnósticos realizados por médicos eran más acertados cuando se les hacía sentir bien. Las emociones positivas facilitan un pensamiento más abierto y flexible y un modo más amplio de ver las cosas (ver el bosque más que los árboles).

Las emociones positivas favorecen la salud

Las personas que experimentan más emociones positivas gozan de mejor salud y viven más tiempo que el resto. En un estudio hecho con 334 voluntarios sanos entre 18 y 54 años, se evaluó la tendencia de estas personas a expresar emociones positivas (felicidad, satisfacción y tranquilidad) y emociones negativas (ansiedad, hostilidad y tristeza).Después se les administró unas gotas nasales que contenían el virus del resfriado común. Las personas con un estilo emocional más positivo tuvieron un riesgo menor de contraer el resfriado que aquellas con un estilo emocional más negativo (Cohen, Doyle, Turner, Alper y Skoner, 2003).

Las emociones positivas eliminan los efectos fisiológicos adversos producidos por las emociones negativas, lo cual da lugar a un mejor estado de salud.

Las emociones positivas contribuyen también a hacer a las personas más resistentes frente a la adversidad. Las personas que son capaces de experimentar emociones positivas durante los momentos de adversidad o situaciones traumáticas hacen más planes de futuro y tiene un mejor ajuste psicológico tras experimentar un suceso traumático.

3. El sentido del humor

La risa es capaz de reducir la ansiedad y el estrés y mejorar la salud física y la calidad de vida de las personas. El humor ayuda a liberar tensiones, olvidar las preocupaciones, relajarnos y ver los problemas de un modo menos catastrofista y más optimista.

El sentido del humor ayuda a sobrellevar una enfermedad y a prevenir una depresión y es capaz de aumentar la tolerancia al dolor.

La risa está asociada a cambios en las catecolaminas y en los niveles de cortisol, lo cual a su vez puede tener un efecto importante en el sistema inmunitario, además de reducir los efectos fisiológicos del estrés.

La risa vigorosa reduce la tensión muscular, incrementa el oxígeno en la sangre, ejercita el corazón y el aparato circulatorio e incrementa la producción de endorfinas.

Además, las personas con sentido del humor resultan más atractivas para los demás y mantienen relaciones más cercanas y satisfactorias. La risa y el humor produce un efecto de acercamiento entre las personas. Todo esto hace que tengan un mayor apoyo social, el cual ayuda a reducir el estrés y tiene efectos beneficiosos sobre la salud.

De los diversos tipos de sentido del humor que pueden utilizarse, solo el humor positivo tiene efectos beneficiosos. El humor positivo es el que se utiliza para hacer reír a los demás sin dañar a nadie, para superar los obstáculos, ver las cosas de un modo menos catastrofista o reírse de los absurdos de la vida.

En cambio, el humor negativo, es decir, aquél que recurre a la burla o el sarcasmo, no tiene un efecto beneficioso, y el humor que recurre a la autocrítica (la persona que se humilla a sí misma para hacer reír a los demás) produce un efecto negativo sobre la salud (Kuiper, Grimshaw, Leite y Kirsh, 2004).

4. Creatividad

La creatividad es la capacidad del ser humano para producir cosas nuevas. Permite sacar conclusiones nuevas, concebir ideas novedosas y resolver problemas de una forma original. Puede usarse en cualquier área de la vida diaria para resolver problemas y mejorar la calidad de vida.

La creatividad no es algo que unas personas tienen y otras no, sino que el ser humano tiene esa capacidad por naturaleza, del mismo modo que tiene capacidad para reír o ser optimista. La creatividad surge de una mezcla de características personales, recursos, conocimientos, habilidades cognitivas, circunstancias sociales y suerte. Por tanto, puede ser fomentada y desarrollad en cualquier persona y es un gran recurso para afrontar problemas y situaciones adversas.

La mayoría de las personas utilizan la creatividad para hacer sus vidas más cómodas y fáciles: cuando alguien hace algo de un modo diferente a como lo hacía de manera habitual, cuando transforma un viejo abrigo en otra prenda de vestir, cuando tiene una idea que le permite solucionar un problema de un modo original, cuando inventa una nueva receta de cocina, cuando decora su casa, etc.

Es decir, todas las personas tienen un potencial creativo, aunque algunas lo tienen en mayor medida que otras. Pero eso no significa que la persona que suele ser menos creativa que los demás no pueda empezar a serlo más si se lo propone y mira a su alrededor en busca de modos de aplicar la creatividad en su vida.

Las personas más creativas tampoco lo son en todas las áreas de sus vidas, sino que pueden serlo en unas áreas pero no en otras. Mostrar creatividad requiere un periodo de aprendizaje. Las ideas creativas no surgen de la nada sino que surgen en personas que han desarrollado diversas habilidades y han adquirido ciertos conocimientos. Es decir, no puede tenerse una idea creativa en el campo de la medicina si no se tienen conocimientos de medicina.

Características de las personas más creativas

En el estudio de la creatividad se han analizado aquellos aspectos que sirven para fomentarla, así como las características de personalidad de las personas más creativas. Suele tratarse de personas con cierta tendencia al riesgo, inconformistas, amantes de la soledad, de pensamiento abierto e independiente y que toleran bien la ambigüedad.

Son personas trabajadoras y constantes, que dominan un ámbito de especialización y que han desarrollado amplios conocimientos y habilidades en dicho campo. Tienen capacidad para seguir adelante y mantener el esfuerzo durante largos periodos de tiempo, pues ser creativo requiere trabajo. No puede tener una idea creativa la persona que deja su mente en blanco tumbada delante del televisor.

También son personas altamente motivadas, que desean implicarse en la tarea que tienen entre manos por motivos internos y no por presiones externas u obligaciones. Saben abandonar las ideas o los caminos no productivos y buscar ideas nuevas.

Las personas más creativas tienen una mente flexible, son capaces de tener en cuenta diferentes puntos de vista y explorar alternativas, así como salirse de los guiones establecidos.

Para poder llevar a cabo una idea creativa es necesario contar con los recursos necesarios, pero cuando los recursos son excesivos, la creatividad puede ser menor. Con frecuencia, es la necesidad la que lleva a las personas a ser creativas. Quien cuenta con pocos recursos económicos tal vez no tenga más remedio que echar mano del reciclaje de aquello que encuentre en su propia casa para conseguir lo no puede adquirir de otra manera. Por eso, cuanto más acomodada está una persona o una sociedad, menos motivada está para el cambio y menos creatividad manifiesta.

5. Resiliencia y crecimiento postraumático

Otro de los ámbitos de estudio de la psicología positiva es el crecimiento postraumático y la resiliencia. Tradicionalmente, la mayoría de la investigación en la psicología del trauma se ha centrado en los efectos negativos que tienen en las personas los acontecimientos traumáticos, suponiendo que lo normal es que la mayoría de las personas desarrollen algún tipo de psicopatología tras el trauma.

No obstante, aunque es cierto que algunas de estas personas llegan a desarrollar trastornos (como el trastorno de estrés postraumático), esto no siempre sucede, sino que la mayoría de las personas logran recuperarse sin llegar a tener psicopatología y algunos incluso sacan algún beneficio de su experiencia.

Lo cierto es que las personas tienen una gran fortaleza para resistir las adversidades de la vida y para salir psicológicamente indemnes de ellas, encontrando sentido incluso a las experiencias traumáticas más terribles. Tras un suceso traumático, aunque al principio la mayoría de las víctimas padecen síntomas de estrés postraumático, el 85 por ciento de las personas afectadas se recupera de manera natural y no llega a desarrollar ningún trastorno.

Resiliencia

Algunas personas no pasan por este periodo de recuperación, porque sencillamente no se ven afectadas, y son capaces de resistir, mantener su equilibrio psicológico y funcionar de un modo normal ante un suceso traumático. Son las personas resilientes. Las investigaciones más recientes muestran que este fenómeno es más común de lo que se creía en un principio.

Las personas resilientes conciben la vida de un modo más optimista, enérgico y entusiasta, son personas curiosas y abiertas a nuevas experiencias, que experimentan altos niveles de emociones positivas, tienen seguridad en sí mismas y confían en que son capaces de afrontar lo que les suceda.

Otras características como tener un propósito significativo en la vida y creer que puede aprenderse tanto de lo positivo como de lo negativo, también favorecen la resiliencia. Las personas resilientes utilizan las emociones positivas para afrontar los sucesos negativos. Se ha visto que hacen frente a las experiencias traumáticas utilizando el humor, la exploración creativa y el pensamiento optimista (Fredrickson y Tugade, 2003).

Crecimiento postraumático

El crecimiento postraumático hace referencia a la posibilidad de aprender y crecer a partir de experiencias adversas, y es un fenómeno más común de lo que en principio solía creerse. Muchas personas que han de luchar en circunstancias muy duras, logran sacar beneficios de esa lucha y hacerse más fuertes. A pesar de estar experimentando emociones negativas, como ansiedad, tristeza, etc., también experimentan emociones positivas que les ayudan a reducir sus niveles de angustia.

El crecimiento postraumático puede reflejarse a varios niveles: cambios en uno mismo, cambios en las relaciones interpersonales y cambios en la espiritualidad y filosofía de vida. Muchas personas que afrontan una situación traumática ven aumentada la confianza en sus capacidad para resistir las adversidades que puedan ocurrir en el futuro. Las familias y parejas pueden sentirse más unidas tras vivir una situación traumática. Por último, la experiencia traumática puede hacer que una persona cambie su forma de ver la vida y su escala de valores y aprecie el valor de cosas que antes apenas tenía en cuenta o daba por supuestas (Vera, Carbelo, Vecina, 2006).

En un estudio realizado con mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia, el 46,8% habían podido sacar algún beneficio de la experiencia vivida: habían desarrollado una personalidad más autosuficiente y resistente, tenían más capacidad para protegerse a sí mismas y una mayor capacidad para proteger a sus hijos del abuso (McMillen, Zurvain y Rideout, 1995). Esto no significa que no hayan sufrido daño alguno, sino que junto al daño causado por la experiencia también han podido obtener beneficios.

La existencia de crecimiento postraumático no significa que estas personas no experimentes dolor emocional y estrés. Las emociones negativas coexisten con el crecimiento y en muchos casos, dicho crecimiento no se produce sin la presencia de emociones negativas.

El crecimiento postraumático puede tener una doble naturaleza. En algunos casos es un resultado no buscando de la experiencia, que se produce debido a que la persona utiliza estrategias de afrontamiento que tienen como resultado este crecimiento, mientras que en otros casos es algo que la persona busca activamente; es decir, busca este beneficio como un modo de afrontar su experiencia y sacar algo positivo de ella.

Referencias

Beatriz Vera Poseck. Psicología positiva: una nueva forma de entender la psicología. Papeles del Psicólogo, 2006, vol. 27 (1).
Fredrickson, B.L. (2000). Cultivating positive emotions to optimize health and well-being. Prevention and Treatment, vol. 3
Fredrickson, B.L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: the broaden and build theory of positive emotion. American Psychologist, 56.
Vecina, Maria Luisa. Emociones positivas. Papeles del Psicólogo, 2006, vol. 27 (1).
Cohen, Doyle, Turner, Alper y Skoner (2003). Emotional style and susceptibility to the common cold. Psychosomatic Style, 65.
Fredrickson, B.L. (2003). The value of positive emotionss. American Scientist, 91.
Carbelo, B., Jáuregui, E. Papeles del Psicólogo, 2006, vol. 27 (1).
Kuiper, Grimshaw, Leite, Kirsh (2004). Specific components of sense of humor and psychological wellbeing. Humor: International Journal of Humor Research, 17.
Vecina, M.L. Creatividad. Papeles del psicólogo, 2006, vol. 27 (1).
Vera, Carbelo, Vecina. La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático. Papeles del Psicólogo, 2006, vol. 27 (1).
Fredrickson, Tugade (2003). What good are positive emotions in crises? A prospective study of resilience and emotions following the terrorists attacks on the USA on September 11th, 2001. Journal of Personality and Social Psychology, 84.