Autora: Ana Muñoz

Por lo general, somos conscientes de que estamos estresados pero a menudo no nos damos cuenta de hasta qué punto lo estamos o de que necesitamos unas vacaciones con urgencia.

Estar estresado no es como tener una enfermedad física, como la gripe, con síntomas concretos y observables (fiebre, tos, etc.) sino que se trata de una experiencia más subjetiva. Por fuera, puede parecer que estamos bien pero por dentro el estrés que se ha ido acumulando durante mucho tiempo empieza poco a poco a ser excesivo. Puede llegar un momento en que te observes y pienses que ya no eres la persona que eras antes, sino alguien peor que empieza a no gustarte. No sabes qué te ha pasado porque ha ido sucediendo poco a poco. No te das cuenta de que la causa de todo es el exceso de estrés que, mantenido durante demasiado tiempo, empieza a afectarte y a cambiarte.

Si eres consciente de esto tendrás más posibilidades de hacer algo para remediarlo, de sacar de tu vida la fuente de estrés, hacer algunos cambios, tomarte unas vacaciones largas o buscar ayuda profesional.

Si no eres consciente de que ese cambio a peor que notas en ti es consecuencia del estrés acumulado, entonces te limitarás a sentirte mal contigo mismo, frustrado y decepcionado, echando de menos a la persona que fuiste y sin ser consciente de que puedes volver a ser quién eras e incluso alguien mejor.

Los siguientes son los signos principales que te indican que has llegado a un nivel de estrés crónico demasiado alto y tienes que tomar medidas para remediarlo:

1. Cualquier pequeño problema te parece enorme

El más mínimo problema, inconveniente, revés o frustración puede hacerte estallar en ira, hundirte o hacer hasta llorar. Eres un vaso lleno casi hasta rebosar y cualquier gota es la gota que colma el vaso. Te sientes sobrecargado y abrumado y tienes la sensación de que no eres capaz de hacer lo que se espera de ti (aunque solo sea resolver un pequeño problema). Si te pones a ello, es probable que sí logres resolverlo pero eso no logra cambiar esa sensación que tienes de no poder con nada.

2. Cometes errores y rindes menos

Tu mente estresada no funciona tan bien como antes y tienes una mayor tendencia a cometer errores, olvidos o despistes. Tu creatividad también disminuye, te faltan ideas y tu trabajo es de peor calidad que antes. Además, te cuesta más esfuerzo hacer cualquier cosa.

3. Estás irritable con todo y con todos

Tus familiares y amigos lo notan y te preguntan si te pasa algo. Estás irritable, haces comentarios desagradables, te enfadas con facilidad, te has vuelto poco tolerante, estás impaciente, muestras nerviosismo y agitación o indiferencia. Puedes tener incluso reacciones impropias de ti. Puede que algunas personas empiecen a alejarse de ti porque consideran que te has vuelto una persona desagradable o porque piensan que tienes algún problema con ellos.

4. Tu motivación está por los suelos

Simplemente no tienes ganas de nada, sobre todo de trabajar. Los lunes son ahora peores que nunca. Estás deseando que llegue el fin de semana pero esos dos días de descanso (si es que logras descansar) no son suficientes y no cambian nada. Las cosas que antes te entusiasmaban, ahora te entusiasman menos. Puede que incluso no tengas ganas de salir con tus amigos o de hacer cosas que antes te divertían. Es decir, puedes tener una depresión leve o moderada como consecuencia de la situación estresante en la que te encuentras desde hace tiempo.

5. Te sientes trastornado

Como decía antes, puedes desarrollar síntomas o trastornos psicológicos como consecuencia del estrés excesivo: ansiedad, depresión, obsesiones, insomnio… Piensas que algo marcha mal en ti, en tu mente, en tu personalidad. No sabes si es ansiedad o es depresión o insomnio… En realidad, te sientes como si tuvieras un poco de todos los trastornos psicológicos, según el día. Esto es debido a que tus reacciones son exageradas porque el estrés continuado te ha hecho frágil y vulnerable. Lo que antes te producía cierta preocupación o nerviosismo, ahora te crea ansiedad. Lo que antes te entristecía, ahora te hunde o te hace romper a llorar. Si antes te lamentabas un poco por un error cometido, ahora te criticas con gran dureza y lo consideras una prueba de tu “absoluta estupidez”. Lo que antes te molestaba un poco ahora te hace estallar en ira… Y así con todo. Por eso puedes tener la sensación de que tienes todos los trastornos psicológicos del mundo (y algunos más no clasificados en ninguna parte).

6. Desprendes negatividad

Casi todo te parece malo, aburrido o desagradable: la gente es estúpida, tu jefe es un incompetente, tus compañeros son unos vagos, el comercial que te atiende en una tienda no tiene ni idea de nada... Además, tienes la sensación de que solo te pasan cosas malas o desagradables. Esto tiene varias causas. Por una parte, tu estado emocional negativo puede atraer experiencias negativas (por ejemplo, descuidas las revisiones del coche y éste se estropea; eres desagradable con el dependiente de la tienda y éste no te atiende bien, etc.). Por otra parte, tu mente parece estar sintonizada hacia lo negativo, prestando más atención a ese tipo de cosas. No agradeces las cosas buenas que te pasan porque consideras que, dado que solo te pasan cosas malas, tienes más que merecido que te pase algo bueno alguna vez. Esto es un error, porque estar agradecido por todo lo bueno que te pase, aunque sea pequeño, y centrarte en lo positivo te ayudaría a sentirte mucho mejor.

7. Sientes dolores de todo tipo

Te duele la cabeza, la espalda, el cuello... El estrés crónico afecta a tu cuerpo y te hace enfermar. Uno de los signos más típicos es el dolor muscular y de cabeza, aunque también puedes tener otros síntomas físicos que se hacen crónicos y parecen no querer curarse con ningún tratamiento.

8. Recurres al alcohol para aliviarte

Llegas a casa y piensas que necesitas un vaso de vino o una cerveza para relajarte. Por supuesto, no hay nada malo en beberse un vaso de vino. Ese no es el problema. El problema es que usas el alcohol como un modo de “medicarte” para no sentir el malestar que sientes. Cuando usas el alcohol de ese modo habitualmente, es un signo de que tu nivel de estrés es demasiado alto. También puedes estar haciendo lo mismo con el tabaco o las drogas.

Si te has sentido identificado con lo que aparece en este artículo, es hora de empezar a hacer algo al respecto: busca ayuda si la necesitas, analiza qué marcha mal en tu vida, haz cambios, tómate unas vacaciones, haz ejercicio, aliméntate mejor, descansa…