Autora: Ana Muñoz

El estrés forma parte de la vida y es un término que suele usarse de manera habitual para expresar que nos sentimos abrumados por alguna demanda ambiental que nos resulta excesiva.

Para definir el estrés podemos hablar de tres fases:

1. Demanda ambiental. Aparece una determinada demanda o exigencia ambiental o personal. Por ejemplo, entregar un trabajo en un plazo límite.

2. Respuesta cognitiva. Hacemos una evaluación de lo que esa demanda significa para nosotros, así como de nuestra capacidad para satisfacerla y de las posibilidades de hacerlo (¿Dispongo de las habilidades necesarias para satisfacer esa demanda? ¿Dispongo de los recursos físicos, psicológicos, instrumentales o de otro tipo necesarios para satisfacerla? ¿Qué sucederá si no logro satisfacer la demanda?).

3. Si el resultado de la evaluación (punto 2) nos lleva a la conclusión de que la demanda es excesiva, no contamos con los recursos necesarios y, además, no satisfacerla nos traerá consecuencias desagradables, entonces aparece la respuesta de estrés (también llamada síndrome general de adaptación), que prepara nuestro organismo para afrontar esa demanda mediante una serie de respuestas de activación fisiológica.

Por tanto, aunque hay acontecimientos que serían considerados estresantes por la mayoría de las personas, el estrés es una respuesta subjetiva que viene condicionada por la evaluación que hace la persona de dicho suceso y el significado que tiene para ella. Así, algunas personas manejan con calma situaciones que para otras personas resultan muy estresantes. Por este motivo, para manejar adecuadamente el estrés o para reducir la cantidad de estrés que hay en nuestras vidas, es importante saber hacer evaluaciones realistas y no catastrofistas de la realidad que nos rodea y las experiencias que vivimos.

Algunas personas pueden tener una percepción inadecuada de sí mismas, de modo que no se consideran capaces de afrontar una situación cuando la realidad es que cuentan con los recursos tanto internos como externos necesarios para poder afrontarla con éxito. Estas personas percibirán dicho suceso como mucho más estresante de lo que en realidad es y su respuesta de estrés será mucho más intensa.

En la página siguiente describiremos algunas sugerencias que puedan servirte para reducir el nivel de estrés que experimentas. De hecho, aunque es aconsejable contar con las habilidades necesarias para afrontar el estrés cuando aparezca, también es muy importante saber organizar la propia vida de manera que las situaciones estresantes se reduzcan al mínimo necesario para poder llevar una vida satisfactoria y productiva.

Sugerencias para reducir tus niveles de estrés

1. Procura determinar tu grado de tolerancia al estrés y tus límites e intentar vivir dentro de esos límites. Ten presente que cada persona es diferente: algunos toleran gran cantidad de estrés y otros toleran menos. No te compares con otras personas y trates de rendir según sus estándares, sino según los tuyos propios.

2. Sé realista. Si te sientes abrumado por la cantidad de actividades que has de realizar, elimina algunas de ellas. Analiza el motivo que te está llevando a sobrecargarte de actividades: ¿necesitas aprender a decir no? ¿Necesitas aprender a confiar y delegar responsabilidades en otras personas? ¿Tratas de huir de emociones dolorosas mediante la actividad constante? ¿Consideras que tienes que demostrar algo, que eres una persona menos valiosa si no haces cosas continuamente? Estas preguntas son solo algunos ejemplos; puede haber otros motivos y es importante que descubras el tuyo.

3. No seas excesivamente perfeccionista. Nadie es perfecto, de modo que no esperes la perfección de ti o de los demás. Pregúntate: ¿qué es lo que realmente hay que hacer? ¿Cuánto puedo hacer? ¿Es realista el plazo propuesto para hacerlo? Nuria, una mujer de 30 años, trabajaba como periodista. Su perfeccionismo excesivo la llevaba a recopilar una cantidad de información exagerada para cada reportaje que tenía que hacer, lo cual la sobrecargaba de trabajo y la sometía a un estrés excesivo. Todo esto repercutía negativamente en su trabajo e incluso se planteó la posibilidad de abandonar. Cuando aprendió a utilizar la cantidad de información necesaria y suficiente para hacer un buen trabajo, no sólo rindió más, sino que pudo disfrutar de su labor.

4. Medita o reflexiona durante un rato cada día. Tan solo unos 20 minutos de reflexión en calma puede aliviar el estrés crónico, así como aumentar tu tolerancia a él. Usa este tiempo para escuchar música, relájate y trata de pensar en cosas agradables.

5. Visualización. Usa tu imaginación para verte a ti mismo/a manejando una situación estresante con éxito. Muchas personas encuentran que llevar a cabo un ensayo mental de lo que pueden hacer para afrontar la situación, les ayuda a aumentar la confianza en sí mismos, a tener una visión más positiva y a planear modos de superar la situación.

6. Haz las cosas de una en una. Si te sientes sobrecargado/a debido que tienes que hacer demasiadas tareas, el mejor modo de afrontarlo consiste en establecer prioridades, hacer una lista con todas las tareas y comenzar por la más importante, centrándote exclusivamente en la tarea que estés realizando en cada momento (en vez de estar pensando en todo lo que tienes que hacer o que no te dará tiempo). Una vez que termines una tarea, empieza con la siguiente.

7. Haz ejercicio. Hacer ejercicio de manera regular es un modo excelente de aliviar el estrés. Unos 20 o 30 minutos de actividad física es beneficiosa tanto para la mente como para el cuerpo.

8. Practica aficiones. Un buen modo de descansar de tus preocupaciones consiste en realizar algo que te divierta y te resulte agradable (pintar, cuidar el jardín, leer, etc). Busca un rato cada día para realizar actividades de este tipo.

9. Mantén un estilo de vida sano: alimentación sana y nutritiva, limitar la ingesta de cafeína y alcohol, dormir las horas suficientes, hacer ejercicio, etc.

10. Pasa tiempo con amigos. Una jornada con uno o varios amigos puede ayudarte de diversas maneras: 1) podrás compartir tus emociones y preocupaciones con ellos, sentir su apoyo y tal vez beneficiarte de algún buen consejo; y 2) pasar un rato charlando, divirtiéndote o haciendo alguna actividad agradable con amigos te ayudará a dejar de lado los problemas, distanciándote así de ellos, lo cual puede ayudarte a verlos luego de un modo diferente.

11. Aprende a rendirte cuando sea necesario. Si observas que te estás encontrando una oposición constante en tu vida personal o profesional, vuelve a plantearte tu posición o estrategia y cámbiala si es necesario. Si después del replanteamiento consideras que tu posición y estrategia es la adecuada, sigue adelante, pero hazlo con calma, sin exigirte demasiado y aceptando que puedes tener por delante un trabajo duro.

12. Escucha a los demás. Gran parte del estrés en la vida de una persona procede de problemas en sus relaciones con los demás, ya sean jefes, subordinados, parejas, hijos, etc. Escucha las opiniones, deseos y puntos de vista de los demás y adopta una actitud de negociación y compromiso. Muéstrate dispuesto a ceder en algunas ocasiones y habrá más posibilidades de que los demás hagan lo mismo en otras ocasiones, de modo que sea más fácil alcanzar acuerdos que satisfagan a ambas partes. Recuerda que puede ser más productivo y fácil buscar una tierra común que tratar de defender la propia a toda costa.

13. Sé flexible. Las diversas situaciones pueden requerir aproximaciones y estrategias diferentes. Y lo mismo podemos decir de las personas. Cada persona es única y requiere que la tratemos de un modo único. A veces, esa persona que parece ser incompetente, tal vez sólo esté necesitando unas horas de instrucción. Algunas personas necesitarán una mayor supervisión, mientras que otras funcionan mejor si tienen mayor libertad. Si tienes la flexibilidad suficiente como para saber amoldarte y adaptarte a las diversas situaciones, estarás librándote de una gran cantidad de estrés.