Autora: Ana Muñoz

El trastorno dismórfico corporal, también llamado dismorfofobia, consiste en una preocupación excesiva con algún pequeño defecto físico real o imaginado que piensan que los hace parecer feos, desagradables para los demás, poco atractivos, anormales o deformes.

Si dicho defecto existe, la preocupación y ansiedad experimentada por estas personas es excesiva, ya que lo perciben de un modo exagerado. Por ejemplo, una nariz grande, aunque normal, puede ser percibida como enormemente desproporcionada y provocar un gran malestar emocional y rechazo en esta persona.

Las principales áreas corporales de preocupación son piel, cara, acné, genitales, arrugas, dientes, pecho, nalgas, cicatrices, pelo fino, asimetría facial, vello facial excesivo, labios, nariz, etc.

En los hombres la preocupación principal suele centrarse en los genitales, mientras que las mujeres suelen preocuparse más con su cara, pelo y pecho.

Las personas con este trastorno no suelen revelar lo que les pasa debido a que se sienten avergonzados y, como mucho, dicen que se consideran feos en un sentido general, sin especificar el motivo.

Entre las personas con trastornos dismórfico corporal existen diferencias en cuanto al grado en que se creen sus ideas respecto a su aspecto. Así, algunos están completamente convencidos de que sus creencias son totalmente ciertas, mientras que otros reconocen que sus creencias  pueden ser falsas o solo parcialmente ciertas.

Consecuencias del trastorno

En general, el funcionamiento psicológico y la calidad de vida de estas personas son bastante pobres. En los casos más leves, pueden limitarse a evitar algunas situaciones sociales mientras que en los más graves permanecen prácticamente encerrados en casa.

Los pensamientos relacionados con su defecto acuden a su mente a menudo y de manera no deseada y son difíciles de controlar. Su excesiva preocupación puede afectar a su funcionamiento en el trabajo, estudios, relaciones y otras áreas de sus vidas y llevarlos a realizar determinados actos repetitivos que consumen mucho tiempo. Por ejemplo, pasan muchas horas mirándose al espejo o bien evitan completamente los espejos (o alternan entre ambos comportamientos); se comparan con otras personas; pasan mucho tiempo arreglándose (por ejemplo peinándose, usando productos de estilismo, eliminando vello corporal, etc.), tratando de camuflar su “defecto” (por ejemplo, aplicándose maquillaje o cubriendo la zona que le desagrada con sombreros, ropa, pelo, etc.); tocan a menudo las zonas que le desagradan para comprobarlas, hacen ejercicio o pesas en exceso…

Cuando la preocupación está relacionada con la piel, pueden pasar mucho tiempo pellizcándola con la intención de arreglar el defecto pero este comportamiento puede acabar provocando lesiones e infecciones en la piel.

Algunos se broncean en exceso (para disimular una piel que perciben demasiado blanca o el acné), se cambian de ropa con mucha frecuencia tratando de ocultar sus defectos o compran productos de belleza de manera compulsiva.

Pueden evitar aparecer en público e incluso ir a trabajar. Otros salen de casa sólo de noche o incluso pueden llegar a no salir en absoluto, lo cual dará lugar a aislamiento social.

Alrededor del 20 % de jóvenes con este trastorno abandonan sus estudios.