Autora: Ana Muñoz

La cirugía plástica es un recurso cada vez más popular para quienes desean mejorar su apariencia. Sin embargo, en algunos casos, esta búsqueda de perfección puede ocultar problemas psicológicos subyacentes, como el trastorno dismórfico corporal (TDC). Se trata de un trastorno psicológico en el que la persona se obsesiona con defectos que percibe en su apariencia, aunque sean inexistentes o mínimos para los demás.

El vínculo entre el TDC y la cirugía plástica

Las personas con TDC tienden a ver su apariencia de una manera distorsionada, lo que las lleva a buscar soluciones extremas, como cirugías estéticas repetitivas. Se estima que entre un 7 % y un 15 % de los pacientes que buscan cirugía plástica presentan TDC, un porcentaje mucho mayor que en la población general.

El problema radica en que la cirugía plástica no resuelve la preocupación psicológica subyacente. Aunque el paciente pueda sentir una mejora temporal tras la intervención, es frecuente que vuelva a obsesionarse con otros aspectos de su apariencia, llevando a una espiral de insatisfacción y nuevas cirugías. Esto puede derivar en frustración, ansiedad e incluso depresión cuando los resultados no cumplen con sus expectativas irreales. Por ejemplo, un paciente se hizo 4 rinoplastias y después se empezó a preocupar por el grosor de su pelo y la caída de sus hombros.

Señales de alerta en pacientes que buscan cirugía

Los cirujanos plásticos deben estar atentos a ciertos signos que pueden indicar la presencia de TDC en un paciente, como:

  • Insatisfacción extrema con aspectos mínimos de su apariencia.
  • Expectativas irreales sobre los resultados de la cirugía.
  • Historial de múltiples cirugías sin satisfacción duradera.
  • Aislamiento social o depresión relacionada con su apariencia.
  • Dificultad para aceptar opiniones externas sobre su imagen.

En muchos casos, los cirujanos plásticos éticos optan por no operar a pacientes con signos evidentes de TDC y recomiendan una intervención psicológica antes de cualquier procedimiento estético.

Tratamiento psicologico

El tratamiento psicológico del trastorno dismórfico corporal (TDC) se centra en modificar la percepción distorsionada que la persona tiene de su apariencia y ayudarla a reducir la ansiedad y las conductas obsesivas relacionadas. El enfoque más efectivo es la terapia cognitivo conductual, aunque también pueden emplearse otros métodos terapéuticos según el caso.

1. Terapia cognitivo conductual

Es el tratamiento más respaldado por la evidencia para el TDC. Se enfoca en cambiar los pensamientos y comportamientos disfuncionales asociados con la apariencia. Sus principales estrategias incluyen:

Reestructuración cognitiva: ayuda a identificar y modificar pensamientos irracionales sobre la apariencia (por ejemplo, “si no tengo una nariz perfecta, todo el mundo me mirará y me juzgará”). Durante la terapia, se analiza la evidencia de esta creencia y se cuestiona mediante preguntas. Luego se ayuda a reemplazarla por pensamientos más realistas como "puede que a mí no me guste mi nariz, pero eso no significa que sea grotesca o que todo el mundo me mire o me juzgue. Y si así fuera, tampoco sería una catástrofe".

Exposición y prevención de respuesta: las personas con TDC suelen evitar situaciones sociales o realizar conductas compulsivas para calmar su ansiedad (como mirarse en el espejo repetidamente o usar maquillaje en exceso). Esta técnica las ayuda a afrontar estos miedos sin recurrir a los rituales. La exposición gradual consiste, por ejemplo, en mirarse en el espejo sin criticar su apariencia por unos segundos, salir sin cubrirse con maquillaje o accesorios, participar en una actividad social sin evitar el contacto visual, etc. La prevención de respuesta implica que, durante estos ejercicios, se les enseña a resistir impulsos como ocultar su rostro a los demás o evitar el contacto social.

Entrenamiento en flexibilidad cognitiva: se enseña a la persona a aceptar la imperfección y a desarrollar una visión más realista de la apariencia. Las personas con TDC suelen pensar en términos absolutos ("soy feo, así que nunca seré feliz"). Por tanto, se les entrena para aceptar la incertidumbre y desarrollar una visión más flexible. Por ejemplo, en lugar de decir “si no tengo una apariencia perfecta, fracasaré en la vida”, el paciente aprende a decir “puedo disfrutar de la vida y ser valorado por muchas cosas, no solo por mi apariencia”.

2. Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es un enfoque terapéutico basado en la idea de que el sufrimiento humano proviene, en gran parte, de la lucha constante contra pensamientos y emociones negativas. En lugar de tratar de cambiar o eliminar las obsesiones sobre la apariencia, la ACT ayuda a las personas con TDC a aceptarlas sin que dominen su vida y a enfocarse en lo que realmente les da sentido y bienestar.

Aceptación de pensamientos y emociones. Las personas con TDC suelen tratar de suprimir o evitar sus pensamientos negativos sobre su apariencia, lo que paradójicamente los hace más persistentes. La ACT enseña a aceptar estos pensamientos sin dejar que definan la identidad o las acciones de la persona.

Por ejemplo, entre las diversas técnicas que se utilizan se encuentra la defusión cognitiva. Mediante esta técnica, el paciente aprende a observar sus pensamientos sin identificarse con ellos y a dejarlos ir. Por ejemplo, puede decirse a sí mismo "estoy teniendo el pensamiento de que soy feo", en lugar de afirmar "Soy feo". Después puede imaginar que este pensamiento se hace cada vez más pequeño hasta desaparecer.

Compromiso con valores personales. La ACT ayuda a las personas a identificar qué es realmente importante en su vida más allá de la apariencia física. Se trabaja en reorientar la atención hacia actividades y relaciones que aporten significado.

Por ejemplo, si una persona valora la conexión con los demás, pero evita eventos sociales por su apariencia, se le anima a participar gradualmente en interacciones sin centrarse en su imagen.

Mindfulness y conexión con el presente. El mindfulness o atención plena es una parte importante de la ACT. Enseña a la persona a estar en el momento presente sin juzgarse constantemente.

Por ejemplo, en lugar de pasar horas mirándose en el espejo o comparándose con otros en redes sociales, la persona aprende a desviar su atención a la experiencia que está viviendo en ese momento, como disfrutar de una conversación sin preocuparse por su aspecto.

Por tanto, la ACT no busca cambiar la percepción del cuerpo de inmediato, sino enseñar a la persona a aceptar sus pensamientos sin dejar que controlen su vida. A través de la aceptación, el compromiso con sus valores y el mindfulness, las personas con TDC pueden reducir su sufrimiento y mejorar su bienestar sin depender de cambios en su apariencia.

Conclusión

El tratamiento del TDC requiere tiempo y paciencia, ya que el cambio en la percepción de la propia imagen no ocurre de inmediato. Sin embargo, con el enfoque adecuado, la persona puede aprender a aceptar su apariencia y mejorar su calidad de vida sin recurrir a soluciones quirúrgicas innecesarias.

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