Autora: Ana Muñoz

Tener un buen conocimiento de uno mismo es muy importante para manejar la vida adecuadamente, mantener buenas relaciones con los demás, perseguir aquello que es importante para ti y saber lo que deseas en la vida.

Si no te conoces, no sabrás por qué te sientes mal en un momento dado y tendrás dificultades para manejar tus problemas emocionales o de otro tipo.

Las siguientes preguntas pueden servirte para reflexionar en ellas, saber en qué punto te encuentras en cuanto a autoconocimiento y empezar a conocerte mejor y ser más consciente del tipo de persona que eres.

1. ¿Sabes lo que pasa dentro de ti?

Constantemente estás procesando información, tanto procedente del exterior como generada dentro de ti. Tienes pensamientos, ideas, emociones, procesas información que recibes mediante palabras, texto, sonido, imágenes; sientes tensión en tu cuerpo, estrés, rigidez, malestar. Es decir, percibes información de diferente tipo a través de diferentes sentidos. Pero no todas las personas gestionan igual o son igual de conscientes de todos los tipos de información. Por ejemplo, algunas personas  pueden ser muy conscientes de las imágenes mentales que se forman en su cabeza, mientras que otras personas son menos conscientes de ellas o las perciben de un modo más vago. Algunos son muy conscientes de su cuerpo mientras que otros apenas se dan cuenta de que se han sentado en una postura que les está haciendo daño. Algunas personas no saben lo que sienten o por qué lo sienten y esto puede impedirles resolver ciertos problemas.

Por tanto, trata de averiguar hasta qué punto sabes lo que pasa dentro de ti, con qué tipo de información eres más hábil y en qué aspectos deberías mejorar.

2. ¿Cuál es tu visión del mundo?

Aquí entrarían las preguntas más existenciales relativas al sentido de la vida, por qué estás aquí o por qué estamos todos aquí, si tienes creencias espirituales o religiosas y cuáles son… La respuesta a estas preguntan te da información sobre el sentido de tu vida y te aporta claridad y propósito. No necesitas tener un paradigma complicado de creencias; el simple hecho de creer, por ejemplo, que estás aquí para intentar ser lo más feliz posible, puede ser suficiente para muchas personas, mientras que otras necesitarán respuestas más elaboradas. Lo importante es que conozcas tu propia visión.

3. ¿Cuál es tu visión de ti mismo?

La gente tiene creencias sobre sí misma, algunas positivas, otras negativas; algunas acertadas, otras distorsionadas. Se trata de creencias sobre cómo eres como persona, tus capacidades, tus miedos, tu forma de relacionarte con el mundo, con los demás y contigo mismo. Conocer estas creencias te ayudará a ir elaborando una visión más positiva, librarte de distorsiones y falsas creencias, dejar de criticarte en exceso, ser más amable, etc. Por ejemplo, la persona que no es del todo consciente de que está a menudo de mal humor, tampoco se dará cuenta del daño que eso puede hacer a sus relaciones con los demás.

Muchas de estas creencias habrán sido impuestas por otras personas o proceden de un pasado muy diferente a tu actual presente y, por tanto, no son ya útiles para ti o te perjudican de algún modo. Hacer un repaso de ellas te ayudará a hacer una “limpieza” mental.

4. ¿Cuáles son tus valores?

Tus valores te indican qué cosas son más importantes para ti en la vida. Son, por tanto, una gran fuente de información respecto a lo que deseas hacer con tu vida, lo que debes cambiar, qué profesión escoger o hacia dónde dirigirte. Tus valores guían tu conducta y moldean tu vida. Si te guías por valores que no son tuyos o no tienes claro cuáles son, la vida te llevará por caminos que, probablemente, te hagan infeliz. Por tanto, conoce tus valores y toma tus decisiones en base a ellos.

5. ¿Cuáles son tus conflictos internos?

Tus creencias y valores pueden estar en conflicto. Por ejemplo, si deseas tener éxito en el trabajo pero valoras mucho el tiempo libre, el descanso y el ocio, es posible que no trabajes lo suficiente como para alcanzar dicho éxito. Conocer cuáles son tus conflictos te ayudará a ponerte en marcha para resolverlos. Ten también en cuenta que algunas de tus creencias, como veíamos antes, pueden estar distorsionadas o ser irracionales; si alguna de estas creencias te crea un conflicto, el mejor modo de solucionarlo es cambiar dicha creencia por otra más realista.

6. ¿Qué te produce estrés o negatividad?

Cuando una persona se siente estresada, frustrada o en algún otro estado emocional negativo, hay un desencadenante que ha provocado ese estado. ¿Cuál ha sido? Conocer estos desencadenantes te ayudará a manejar mejor esos estados negativos. Por ejemplo, una determinada persona puede recordarte a alguien que te desagrada enormemente y hacer que te sientas mal. Si eres consciente de lo que ha pasado, podrás gestionarlo mejor que si tan solo te sientes mal de repente de repente y no sabes por qué. Por tanto, indaga todo lo que puedas hasta descubrir tus desencadenantes.

7. ¿Cuáles son tus limitaciones y habilidades?

Todos tenemos limitaciones. Hay cosas que nunca podremos hacer porque no tenemos las habilidades necesarias. Es importante que conozcas tus limitaciones de un modo realista, ya que algunas personas creen que tienen limitaciones que, en realidad, no tienen, como creer que no serán capaces de hacer algo que pueden hacer si se esfuerzan. Conocer tus verdaderas limitaciones te ayuda a no perder el tiempo persiguiendo cosas que no vas a alcanzar y a centrarte en aquello para lo que estás realmente capacitado.

Conocer tus habilidades es igualmente importante. Si una persona es buena en algo y convierte esa habilidad en su profesión, por ejemplo, es mucho más probable que tenga éxito.

8. ¿Cuáles son tus metas?

El ser humano está orientado hacia metas y prospera mejor cuando tiene algo por lo que luchar para alcanzarlo; las metas le ayudan a sentirse útil y dar sentido a sus vidas. Si no tienes ninguna meta u objetivo, trata de pensar en alguno y ponte en marcha para alcanzarlo.