Autora: Ana Muñoz

La depresión puede tener diferentes causas. A veces, una persona sabe exactamente por qué está deprimida; por ejemplo, una ruptura de pareja, la pérdida de su trabajo o cualquier otra circunstancia externa o problema específico. En cambio, algunas personas no tienen muy claro el motivo de su depresión; sienten una insatisfacción más general y amplia, que no está relacionada con algo concreto sino con su vida en general; tal vez es una sensación de falta de sentido o propósito en la vida, o bien un deseo de que la vida sea algo más o sea diferente sin tener del todo claro de qué se trata.

Pero tanto si la causa es conocida como si no, todas estas personas suelen tener en común un modo de pensar e interpretar su mundo y sus experiencias que favorece la aparición de la depresión y su mantenimiento a lo largo del tiempo.

Tanto si se trata de un problema concreto (por ejemplo, la pérdida de un trabajo) como de una insatisfacción vital indefinida, su mente está inundada de pensamientos negativos, pesimistas y caracterizados por una gran falta de esperanza. Por ejemplo, pueden pensar cosas como:

  • Esta horrible situación jamás cambiará; solo irá a peor.
  • Soy demasiado idiota como para poder arreglar las cosas o cambiar algo.
  • No sé cómo cambiar esto, soy totalmente incapaz y no hay nada que yo pueda hacer.
  • Soy una persona horrible, no valgo nada, nadie me querrá jamás.
  • La vida no tiene ningún sentido.
  • La vida es solo un montón de problemas, nunca trae nada bueno ni lo traerá jamás.

Como puedes imaginar, cualquier persona que piense de este modo se acabará deprimiendo sin remedio; al menos mientras mantenga ese tipo de creencias acerca de sí misma, del mundo y de su propio futuro, que percibe como algo horrible y sin posibilidad de cambio.

La mente generadora de pensamientos depresivos

Si quieres superar tu depresión, tienes que empezar por analizar tus pensamientos para detectar cuáles son aquellos que te están deprimiendo o que contribuyen a que estés deprimido y luego cambiarlos por otros más realistas, esperanzadores u optimistas.

Ten en cuenta que todos esos pensamientos son tan solo creencias que estás decidiendo mantener. No son verdades absolutas. Muchos de esos pensamientos son tan solo opiniones (la vida no tiene sentido), otros son predicciones de futuro que haces como si fueras vidente (nada cambiará jamás, todo irá a peor), otros son directamente ideas falsas o tremendas exageraciones (no valgo para nada, soy demasiado idiota). Pero eres tú y solo tú quien está decidiendo voluntariamente creer todas esas ideas que surgen en tu mente y considerarlas verdades absolutas. A menudo, la gente cree sus propias ideas tan solo porque son sus ideas. Pero el hecho de que se te ocurra una idea no significa que sea cierta. Si, en un momento dado, surge en tu mente la idea: “Soy un fracaso que no vale para nada”, no significa que sea cierta solo porque haya surgido en tu mente.

Si tienes tendencia a la depresión, es posible que tu mente tienda a funcionar de ese modo; es decir, puede tender a generar ideas negativas, pesimistas y falsas con frecuencia. Pero tú no tienes por qué creerte todas esas ideas. Puedes combatirlas, descartarlas, ignorarlas, cambiarlas por otras, refutarlas con hechos (“Si fuera verdad que no valgo para nada no habría conseguido graduarme”) o refutarlas con argumentos lógicos (“No puedo predecir el futuro; por tanto, no es lógico afirmar que todo va a ir a peor irremediablemente”).

Es decir, por mucho que tu mente tenga predisposición a deprimirte con sus ideas negativas, tú puedes elegir no hacerle caso o luchar contra ella. Al principio, tendrás la sensación de que tienes que estar siempre luchando porque cada vez que te pasa algo malo, tu mente te inunda de ideas depresivas que tienes que refutar, ignorar o tirar a la basura. Sin embargo, conforme lo vas haciendo, vas cambiando tu mente y tu modo de pensar se va volviendo más realista, de manera que, con el tiempo, te resultará más fácil interpretar las cosas que te suceden o las circunstancias de tu vida de un modo que te ayude a afrontarlas en vez de hundirte.

Pero es muy importante que seas consciente de cómo tu propia mente contribuye a deprimirte y te esfuerces por combatir las ideas que genera.

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