Autora: Ana Muñoz

Hasta cierto punto, la ansiedad social es una emoción normal y útil, ya que motiva a las personas para actuar del modo más apropiado en situaciones interpersonales concretas (por ejemplo, causar buena impresión en una entrevista de trabajo, a una persona que nos resulta atractiva, etc.). Es muy común que la gente se ponga nerviosa en determinadas situaciones sociales, sobre todo cuando tiene que hablar en público. Sin embargo, cuando una persona padece un trastorno de ansiedad social (o fobia social), siente una malestar enorme y su experiencia es mucho más grave, perturbadora e incapacitante.

La fobia social consiste en un miedo muy marcado a situaciones en las que la persona cree que puede ser evaluada u observada por otras personas y en las que teme comportarse de un modo ridículo o humillante delante de esas personas o que se noten sus síntomas de ansiedad. Piensa que es probable que la evaluación de los demás sea negativa y perjudicial para ella. Esta ansiedad no disminuye a pesar de que se tenga que exponer continuamente a situaciones sociales en su vida cotidiana. También es frecuente que ocurra ansiedad anticipatoria, es decir, que la persona se preocupa mucho antes de que tenga lugar la situación temida (a menudo diariamente y durante semanas).

Las situaciones que puede temer una persona con fobia social pueden ser muy variadas: hablar en público, realizar alguna acción delante de otras personas (comer, escribir, leer, etc.), iniciar y mantener conversaciones (con desconocidos, con personas fuera del círculo íntimo, etc.), acudir a fiestas y actos sociales, ser observado cuando entra en un sitio (por ejemplo, una cafetería), hablar con figuras de autoridad (profesores, jefes, etc.), estar con una persona por la que siente atracción, hablar por teléfono, utilizar un lavabo público, etc.

Síntomas

A nivel fisiológico, pueden producirse aumento de la tasa cardiaca, molestias estomacales, mareos, etc., aunque los síntomas más comunes son rubor, temblores y sudoración. Muchas personas sienten un fuerte e incapacitante temor a que los demás se den cuenta de estos síntomas y "piensen mal" de ellos (evaluación negativa), pudiendo desarrollar una fobia social específica, como la eritrofobia (miedo a ruborizarse) o la tremobofia (miedo a temblar).

A nivel de comportamiento, algunos evitan las situaciones sociales temidas, mientras que otras personas las afrontan pero suelen recurrir a utilizar "conductas de seguridad", es decir, conductas con las que intentan protegerse de un modo u otro, por ejemplo, apartar la mirada si cree que alguien le va a preguntar algo, apoyar las manos en algún lugar por si tiemblan, ponerse ropa gruesa para que se perciba menos el sudor.

En cuanto a los pensamientos, suelen estar relacionados con la "certeza" de que su forma de actuar es o será deficitaria, que va a ocurrir una evaluación negativa, y sobre las consecuencias "catastróficas" que esto va a tener. Pensamientos típicos son: "Lo he hecho fatal, soy un idiota, no les gusto nada, no valgo nada, pensarán que soy tonto, nadie querrá estar conmigo, estaré siempre solo", etc. 

Aunque tanto el miedo como la evitación pueden manifestarse de formas muy variadas, limitan las posibilidades de desarrollo personal y afectan a la calidad de vida en general. La persona que sufre este trastorno puede no involucrarse en relaciones de amistad o en relaciones de pareja, no promocionarse en su trabajo o estudios, aislarse de cualquier encuentro social, etc.