Autora: Ana Muñoz

Al terminar sus estudios, Salvador pensó que había llegado la hora de comerse el mundo. Se imaginaba en una importante empresa de publicidad ocupando un puesto de ejecutivo y ganando mucho dinero. Pero pasó el tiempo y Salvador sólo había conseguido trabajos temporales poco o nada relacionados con sus estudios.

Empezó a sentirse frustrado y amargado y a responder a los demás con un tono cínico, destinado principalmente a hacer daño. Su lema parecía ser: "Si el mundo me trata mal a mí, yo voy a tratar mal al mundo". Ante las buenas intenciones de los demás o los deseos de ayudarle, respondía con comentarios hirientes o pesimistas, como "no necesito que me compadezcas", o "no vale la pena hacer nada, en este maldito mundo no hay nada para mí".

La amargura es una forma de depresión en la que la persona se centra principalmente en el mundo exterior, considerando que ha sido tratado injustamente (por los demás, por el destino, por el mundo...), se siente como una víctima de un mundo injusto y cruel, que parece estar empeñado en frustrar su planes y hacerle infeliz, se siente resentido, frustrado y adopta una actitud pesimista ante el mundo y el futuro, esperando siempre lo peor.

Este estado de ánimo suele aparecer cuando los planes de una persona se ven frustrados. Por ejemplo, no ha logrado el trabajo que deseaba, o no está llevando el tipo de vida que le gustaría y ve frustradas sus esperanzas. Empiezan a sentirse impotentes, incapaces de lograr aquello que creen que podría hacerlos felices y acaban pensando que nada de lo que cualquiera pueda tener en la vida importa en realidad.

Con su actitud cínica, suelen estar orientados hacia el exterior, más que hacia sí mismos, buscando algo negativo en todo lo que le rodea, ya sea situaciones o personas. Estas personas culpan a todo y a todos excepto a sí mismos, sin tener en cuenta su parte de responsabilidad en lo que le sucede.

Con frecuencia, el resentimiento hacia alguien no se expresa abiertamente. La persona no dice directamente lo que piensa, no expresa que algo que otra persona ha dicho o hecho la ha herido, sino que expresa su resentimiento de modos indirectos y pasivos, con comentarios despreciativos o cínicos sobre cualquier cosa excepto el tema que de verdad le ha dolido. Esta situación puede durar años, pues no se ponen las cartas sobre la mesa ni se discute el verdadero problema.

La persona resentida ve solo el lado negativo de las cosas. Se siente una víctima y esto le proporciona la excusa perfecta para no aceptar ninguna responsabilidad por su propio destino o situación. Sigue señalando al mundo o a los demás como la causa de sus desgracias, negándose incluso a considerar la conexión que puede existir entre los acontecimientos de su vida y sus propias conductas, pensamientos o actitudes.

Los efectos negativos del cinismo y amargura

Los amargados tienden a tener una actitud nihilista y a implicarse en conductas autodestructivas en mayor medida que el resto de las personas. Por ejemplo, fuman y beben más y tienen más probabilidades de cometer suicidio. Dada su actitud amarga hacia la vida, nada parece importar, incluyendo su propia salud ("qué más da si me muero de cáncer de pulmón, a quién le va a importar, a mí me da lo mismo vivir o morir").

Estas personas también tienen problemas cardíacos con mayor frecuencia que otras personas. El cardiólogo Donald Haas de New York's Mount Sinai Medical School encontró que las personas suspicaces que padecen enfermedades cardiacas tienen el doble de probabilidades de acabar gravemente enfermos u hospitalizados que las personas con dolencias cardiacas pero con una actitud más optimista. Según Hass, los cínicos suelen estar menos dispuestos a seguir las indicaciones del médico.

Las relaciones personales se ven también afectadas por esta actitud. La persona amargada suele ser un aguafiestas, nada le parece bien, nada parece importarle, nada le entusiasma y ve errores y defectos en los demás continuamente. Críticas, reproches, mal humor, negatividad, comentarios sarcásticos, actitud gruñona... Las personas que se encuentran a su lado pueden acabar hartándose de todo esto y alejarse de una persona así. Este rechazo de los demás puede servir para fomentar su amargura y pesimismo. Y la soledad (debido al rechazo de los demás o a su propia retirada del mundo - o ambas cosas-) puede ser el caldo de cultivo de la depresión.

Estas personas saben bien cómo exigir a los demás, pero no están dispuestas a dar. Esto aleja a las personas que en un principio estaban dispuestas a ofrecerle su amistad. Así, pueden decir que los demás se muestran desagradables y antipáticos, sin reconocer que ha sido su propia actitud con los demás la causante de esta antipatía hacia ellos.

La impotencia que sienten les puede impedir seguir luchando por alcanzar sus sueños, buscar nuevas metas, o centrarse en otras oportunidades, pues piensan que nada merece la pena, que son gafes, que todo lo que intenten les saldrá mal y que no vale la pena el esfuerzo. De este modo, la actitud cínica y pesimista les impide alcanzar una vida más satisfactoria, cayendo en un círculo vicioso.

El pesimismo como defensa

Cuando una persona se ha sentido decepcionada, cuando ha fracasado y ha comenzado a dudar de sus capacidades, puede acabar refugiándose en este estado como defensa, para evitar nuevos fracasos y nuevas decepciones.

"Si espero lo peor, no me sentiré decepcionado". Pensar, "no vale la pena intentarlo, estoy gafado y todo me sale mal" puede ser preferible a pensar "soy un fracaso, no valgo para nada". Es decir, en vez de culparse a sí mismo, prefiere culpar al destino, al mundo o a los demás, lo cual, aunque les sirve de ayuda, pues los salva de caer en una depresión, tampoco resulta ser la actitud más sana y adecuada.

El cinismo también constituye un distanciamiento emocional. Y este distanciamiento ayuda a una persona a no sentirse herida con facilidad. No obstante, la persona que huye del dolor, de la decepción o del fracaso, tal vez tenga menos posibilidades de experimentar dichas emociones negativas pero, desgraciadamente, también reducirá sus posibilidades de experimentar emociones positivas. Quien no se arriesga a fracasar puede que tampoco pueda triunfar, de manera que se mantendrá en un estado insatisfactorio.

Los motivos de la amargura

La causa última de la amargura es la falta de aceptación de la realidad tal y como es en cada momento. No aceptan lo que son y lo que tienen y piensan que deberían tener algo mejor. En principio, no hay nada malo en pesar esto, pues es lo que impulsa a las personas a mejorar. El problema aparece cuando se niegan a aceptar que las cosas no han salido como esperaban y adoptan una actitud de víctimas, en vez de reconocer que han fracasado o tenido mala suerte y pensar en modos de solucionar el problema, en nuevos proyectos más fáciles de alcanzar o en cualquier otra solución que les sirva para sentirse satisfechos con sus vidas.

Para superar un fracaso o un revés en la vida o una racha de mala suerte, primero tenemos que reconocer lo que ha pasado y aceptar que a nosotros, igual que al resto del mundo, también nos pueden pasar cosas malas, aunque no las merezcamos en absoluto. El amargado no acepta que esto sea posible, sino que tiene una actitud un tanto narcisista, pensando que a él o ella no tienen que pasarle nunca cosas desagradables, que debe conseguir fácilmente aquello por lo que ha luchado y que nada debe interponerse en su camino.

Pero lo cierto es que la realidad es bien distinta, y todas las personas nos encontramos con dificultades, frustraciones, fracasos, o simple y pura mala suerte, y haremos mejor en aceptar que así es la vida y que podemos ser felices a pesar de ello, pues cuando una puerta se nos cierra, siempre podemos abrir otra.

Como salir de este estado de amargura y pesimismo

1. En primer lugar, has de reconocer que es así como te estás sintiendo y que está resultando perjudicial para ti. Proponte empezar a cambiar desde ahora.

2. Descubre por qué te sientes así exactamente. ¿Es por un suceso concreto? ¿Por algo que no has logrado? ¿Son diversas áreas de tu vida las que no te gustan? En definitiva, descubre por qué te sientes frustrado y luego háztelas siguientes preguntas:

- ¿Qué tendría que cambiar en tu vida para que dejaras de sentir esa amargura?

- Eso que tendría que cambiar, ¿puedes alcanzarlo? ¿Es factible? ¿Es realista? Si no lo es, trata de buscar otra cosa, intentando imaginar un modo diferente de vivir tu vida que también pueda resultarte satisfactorio. A veces, una persona se siente frustrada por no tener algo o por haberlo perdido y no se da cuenta de que está exagerando su importancia, centrado su vida en eso sin tener en cuenta otras posibilidades, otras formas de vivir una vida satisfactoria, otras cosas diferentes por las que luchar.

3. Ten presente que tu amargura procede de tu modo de pensar e interpretar la realidad. Por tanto, observa tus pensamientos y detecta cuándo están fomentando tu amargura. Luego trata de modificarlos por pensamiento más realistas y constructivos. Por ejemplo:

En vez de pensar "Todo me sale mal, la vida es un asco, no vale la pena intentarlo", piensa: "Es normal que a veces me salgan mal las cosas, pero eso no es una tragedia, puedo volver a intentarlo o pensar en otra cosa que también me resulte satisfactoria, pues puede haber muchos modos de vivir mi vida sintiéndome feliz, y no solo uno".

En vez de pensar: "Todas las personas son desagradables y antipáticas y se portan mal conmigo", puedes pensar: "No es posible que todo el mundo sea igual, hay personas de todo tipo, y si la mayoría de las personas son desagradables conmigo, tal vez sea porque yo estoy siendo cínico y aguafiestas; puedo tratar de cambiar mi actitud hacia ellos y ver qué pasa".

En vez de pensar: "Si el mundo se porta mal conmigo y me hace daño, yo me voy a portar mal con el mundo y tratar de hacer daño a los demás", puedes pensar: "El mundo es un lugar injusto para todos, no solo para mí, esa es la realidad, pero puedo ser feliz a pesar de eso. Si me han hecho daño, o he tenido mala suerte, las personas que me rodean y me están ofreciendo su amistad y su cariño no son culpables de eso, y no voy a pagarlo con ellos".

Y así sucesivamente con todos aquellos pensamientos que te hacen sentir amargura o resentimiento o te llevan a ser cínico y desagradable con los demás.