Autora: Ana Muñoz

Muchas personas piensan que una vez que abandonen la casa de sus padres, dejarán atrás sus problemas familiares y de su infancia. Pero lo cierto es que muchos pueden encontrarse de nuevo con los mismos problemas, así como sentimientos y formas de relacionarse similares.

Los niños que crecen en familias psicológicamente sanas y funcionales, se crían en un ambiente que les ayuda a sentirse valiosos y queridos, aprenden que sus sentimientos y necesidades son importantes y pueden ser expresadas. Estos niños suelen formar, en la edad adulta, relaciones saludables y abiertas.

Sin embargo, muchas familias no logran satisfacer las necesidades emocionales o físicas de los niños; además, los patrones de comunicación de la familia pueden limitar severamente la expresión de las necesidades y emociones de los niños. Los niños que crecen en familiar de este tipo (familias disfuncionales) suelen tener una baja autoestima y creer que sus necesidades no son importantes o que los demás no las van a tomar en serio. Como resultado, pueden formar relaciones insatisfactorias en la edad adulta.

Tipos de familias disfuncionales

Algunos de los patrones que suelen darse en familias disfuncionales son los siguientes:

1. Uno o ambos padres tienen adicciones o compulsiones (drogas, alcohol, juego, trabajar de un modo excesivo, promiscuidad, etc.) que ejercen una fuerte influencia en la familia.

2. Uno o ambos padres usan las amenazas o la violencia física como el método principal de control. Los niños pueden verse obligados a ser testigos o víctimas de la violencia, ser forzados a usar la violencia física con sus hermanos, o vivir bajo el miedo y las amenazas del castigo o de estallidos violentos por parte de sus padres.

3. Uno o ambos padres explota al niño y lo trata como si fuera una posesión cuya obligación consiste en responder a las necesidades físicas o emocionales de los padres (por ejemplo, niños que tienen que proteger a sus padres, animarlos cuando están deprimidos, etc.)

4. Uno o ambos padres son incapaces de proporcionar al niño los cuidados básicos y financieros necesarios o amenazan con privar al niño de tales cuidados. O bien, no le proporcionan el apoyo emocional adecuado.

5. Uno o ambos padres ejercen un control excesivamente autoritario sobre los niños. A menudo estos padres se adhieren de manera rígida a un sistema de creencias particular (religioso, político, personal, etc.). De los hijos se espera que cumplan con ese sistema de creencias de manera inflexible y sin tener en cuenta sus puntos de vista o preferencias.

Abuso y negligencia

Cuando predominan los patrones como los descritos, conducen al abuso o la negligencia. Los niños pueden:

Ser forzados a ponerse de parte de uno de los padres en los conflictos.

Ser testigos de una alteración de la realidad, en la que lo que se dice contradice a lo que de verdad ocurrió. Por ejemplo, un padre puede negar que algo que el niño ha visto ha sucedido. Esto lleva a los niños a dudar de su propio juicio.

Ser ignorados, rechazados, no tenidos en cuenta o criticados por lo que sienten o piensan.

Tener padres que se inmiscuyen de manera excesiva en las vidas de sus hijos o son sobreportectores.

Tener padres que son excesivamente distantes y que apenas se implican en las vidas de los hijos.

Ser sometidos a unas normas demasiado rígidas respecto a su comportamiento, elección de amistades, planificación de su tiempo, etc. o por el contrario, no tener ninguna disciplina en absoluto.

Ser privados de una comunicación completa y directa con otros miembros de la familia, como si no fueran parte de ella.

Ser maltratados físicamente.

Como resultado...

El abuso y la negligencia impiden al niño desarrollar una confianza en el mundo, en los demás y en ellos mismos. En la edad adulta, les puede costar confiar en los demás, dudan de su propio juicio y de su propio valor como personas. No es raro que también hayan tenido problemas en los estudios, relaciones con los demás y desarrollo de su propia identidad.

Con frecuencia, estas personas tratan de negar lo sucedido y describir a sus familias como normales. Por desgracia, cuanto más luchen por creer que la situación era normal, más posibilidades tienen de desarrollar conceptos negativos de sí mismos (es culpa mía, soy mala persona, soy un inútil, no hago nada bien), porque al privar de toda culpa o responsabilidad a sus padres, solo pueden culparse a sí mismos.

Empezar a cambiar

Con frecuencia, esas personas continúan en la misma situación porque están esperando que sus padres les den "permiso" para cambiar. Pero ese permiso sólo puede partir de sí mismos, no de sus padres. En las familias disfuncionales, los padres se ven amenazados por el cambio en sus hijos, de manera que pueden insistir y ejercer una influencia para que vuelvan a ser como antes. Por este motivo, es muy importante que confíes en tus propias percepciones y sentimientos. Algunas cosas que puedes hacer son las siguientes:

  • Identifica situaciones o experiencias dolorosas que sucedieron en tu infancia.
  • Haz una lista de conductas, creencias, etc. que te gustaría cambiar.
  • Junto a cada frase de la lista, escribe la conducta, creencia, etc., que te gustaría adquirir como sustitución de la actual.
  • Escoge una frase de la lista y comienza a practicar el comportamiento alternativo. Empieza primero por la más fácil. Después pasa a la siguiente frase de la lista.

Ten también en mente lo siguiente:

Deja de tratar de ser perfecto o de tratar de hacer que tu familia sea perfecta.

Date cuenta de que las vidas de los demás no están bajo tu control. Tú no tienes el poder para hacer cambiar a otros. Trata de cambiarte a ti mismo, no a tu familia.

No trates de ganar viejas batallas del pasado. Son batallas que no puedes ganar; has de aceptar esto y mirar hacia el futuro.

Establece límites claros. Piensa lo que quieres y lo que no, lo que para ti es aceptable y lo que no lo es y atente a esto. Por ejemplo, si no tienes planeado ir a visitar a tus padres unas vacaciones, di "no" en vez de "quizás".

Recuerda que cuando empieces a cambiar y dejes de comportarte del modo en que lo has hecho hasta ahora, puede no gustarle a tu familia y pueden reaccionar de forma adversa (llanto, gritos, amenazas, chantaje emocional, etc.). Trata de anticiparte a las posibles reacciones de tu familia y decide cómo vas a responder.

No te desanimes si ves que vuelves a caer en los viejos patrones de conducta. Los cambios se producen de manera lenta y gradual pero conforme continúes practicando las nuevas conductas y patrones de comportamiento, empezarán a formar parte de ti de un modo natural.