Autora: Ana Muñoz

El simple hecho de estar viviendo una vida dura, complicada, llena de problemas o dolorosa por cualquier otro motivo, puede hacer que una persona sienta ansiedad y miedo con respecto a su propia vida. De hecho, el suicidio se produce a menudo cuando una persona no solo se siente deprimida sino que, además, no ve escapatoria posible a su malestar ni modo de manejarlo.

La vida es complicada y se va volviendo más difícil conforme pasa el tiempo y la sociedad avanza. La vida de muchas personas es una lucha constante por sobrevivir, por llegar a fin de mes, por pagar las facturas. O bien obtienen suficiente para vivir pero apenas para hacer otra cosa que no sea trabajar. Y aunque tener dinero facilita la existencia, tampoco evita los problemas que generan las relaciones entre las personas o la vida misma.

Si comparamos la situación actual con el pasado de hace unas décadas, vemos que antes todo estaba muy estructurado y organizado. Es decir, había una menor libertad para elegir lo que cada uno quería hacer con su vida y la mayoría de la gente seguía un camino predeterminado. Ahora somos más libres, lo que significa que tenemos más capacidad de vivir el estilo de vida que deseamos vivir y ser más felices. Sin embargo, para muchos, este sueño de libertad no ha supuesto un aumento del nivel de felicidad.

¿Por qué, si la libertad puede hacernos mucho más felices, nos cuesta tanto llegar a serlo? Podemos comparar la diferencia que existe entre un trabajador autónomo que debe buscar constantemente sus clientes y apañarse por su cuenta con un sueldo inestable y el trabajador que se limita a hacer lo que le pide el jefe y cobrar el mismo suelo a fin de mes. Aunque el primero cuenta con más libertad, la mayoría de la gente prefiere estar en la piel del trabajador por cuenta ajena. Es decir, la libertad no siempre resulta fácil de llevar: requiere conocer las diversas alternativas, elegir (y no equivocarnos al hacerlo), responsabilizarnos de todo cuanto hacemos, tomar múltiples decisiones, dirigir nuestras vidas… Todo esto puede convertirse en una tarea monumental, sobre todo cuando aquello entre lo que podemos elegir es muy amplio y abarca todos los aspectos de nuestras vidas.

Por este motivo, el mundo actual, con sus muchas posibilidades, puede crear ansiedad a muchas personas, que se ven incapacitadas para manejarlo correctamente. Esto mismo puede aplicarse a las relaciones entre personas, pues somos mucho más libres para expresarnos de diversas formas y con muchas conductas distintas, más libres para elegir el tipo de relación que deseamos o no deseamos, más libres para ser la persona que deseamos ser, para ser diferentes. Pero todo esto plantea muchas preguntas sobre lo que de verdad quieres y qué tipo de persona deseas ser. En el pasado, lo que eras solía depender de la familia en la que habías nacido. Ahora lo tienes que crear, inventar o descubrir.

Por tanto, algo que es, en sí mismo, positivo y nos ayuda a crecer, como es la libertad, implica también que debemos tener más habilidades, más conocimientos y estar dispuestos a pensar más. Pero estas habilidades no se están enseñando a los niños ni en sus casas ni en las escuelas, de manera que, al convertirse en jóvenes adultos, llegan a un mundo complicado que ni los propios adultos saben, a menudo, manejar.

Para solucionar este conflicto, las madres y padres deben ser conscientes de él o ayudar a sus hijos desde pequeños a que encuentren su lugar en el mundo. Los mismos adultos pueden necesitar ayuda en este proceso de construirse una vida realmente significativa. No dudes, por tanto, en acudir a un psicólogo (o llevar a tus hijos a uno) para que os ayude con este proceso. Unas pocas sesiones deberían ser suficientes para encontrar las respuestas.